agustín acosta: Dos grandes luces rojas, Sobre la Catedral, De paseo y Revisión

DOS GRANDES LUCES ROJAS
Han llamado a la puerta. Es inútil. Sabemos
que una mano invisible de amedrentarnos trata…
Pasos lentos se escuchan en el salón, y vemos
temblar las rosas rojas del búcaro de plata.
Algo quiere anunciarse a nuestros corazones….
Hay en los ojos turbio fulgor de pesadilla.
Y en el silencio, pleno de agudas emociones,
fracaso el heredado Sevres de la vajilla.
Rechinan en la puerta los frágiles cerrojos;
sufrimos el atisbo de ultravitales ojos…
Invaden nuestro cuerpo medrosas crispaturas…
Y atónito se queda nuestro temor reacio,
al ver que lentamente, desde el jardín a oscuras,
dos grandes luces rojas ascienden al espacio…!

SOBRE LA CATEDRAL
Oro de sol poniente, sobre la catedral
vetusta, deja suaves recuerdos vespertinos…
Un aroma distinto vive en cada rosal;
muere en las enramadas la orquesta de los trinos…
Un sacerdote observa, desde la sacristía,
cómo en el parque histórico los niños juguetean….
Tarde de la ciudad, tan acara al alma mía…!
Cómo no han de quererte los ojos que te vean….!
Un insulto de luz rompe la sombra quieta.
El flaco sacerdote esquiva su silueta
negra, al iluminarse la sombra vesperal!...
Y, como un luminoso fantasma de lo eterno,
enormemente blanca, ancha luna de invierno
vuelca su cornucopia sobre la catedral…

DE PASEO
Bajo el alón plumado de amplísimo sombrero,
inquieres la presencia de una altiva figura
que ha de cruzar contigo las dudas del sendero
lleno de regocijo o lleno de amargura…
Acércome a tu lado… Tu frente pensativa
del anterior instante las ansiedades pierde.
Tu cuerpo agita un raro temblor de sensitiva
bajo el redondo palio de tu sonrisa verde.
Tienes algo de Londres, pero mucho de Francia:
una suma realeza y una noble elegancia
palpitan en la seda de tu vestido gris.
Yo te contemplo absorto, y en mi entusiasmo creo
que eres una duquesa que sale de paseo
hacia las pintorescas afueras de París.

REVISIÓN
Yo solo. Enfrente la enramada. Veo
lo que está junto a mí., cual si estuviera
dentro de mí. Pero esta primavera
dentro de mí no es ansia ni deseo.
Creo creer en lo que nunca creo;
pero mi corazón, que nada espera
como un mago oriental tiene su esfera,
y así en mi corazón descubro y leo…
Leo y descubro el porvenir… ¿qué dice?
Dice mi corazón que el bien que hice
esta sujeto a revisión. Y nada
podrá alterar e curso a esa injusticia.
Yo sigo solo, frente a la enramada
y una mano invisible me acaricia.


AGUSTÍN ACOSTA. 
(Matanzas, 1886-Miami, 1979). Obra poética: Ala (1915); Hermanita (1923), La zafra (1926), Los camellos distantes (1936); Últimos instantes (1941); Las islas desoladas (1943); Poesías escogidas de Agustín Acosta (1950); Poema del Centenario (1953); Agustín Acosta sus mejores poesías (1955); Jesús (1957); Caminos de hierro (1963).

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