1.07.2016

LOURDES GIL: NIVARIA TEJERA: AJMÁTOVA SIBÍLICA O VOLUNTAD DE PA(R)ÍS[1]

Nivaria Tejera ocupa un lugar en la literatura cubana marcado por el signo de la singularidad. O debo decir singularidades, de las cuales la más notable se enfatiza en el título de este homenaje: la triangularidad de sus espacios geográficos, y que tan bien ha analizado María Hernandez Ojeda en sus “Textos transatlánticos”. Pero a los espacios geográficos se suma la pluralidad de tiempos, configurada por los momentos históricos que le tocó vivir a la autora y que son evocación constante en su obra. Otra singularidad la constituye la hibridez de géneros, el hilo conductor de una voz poetica que aún cuando narra se desborda en inevitable lirismo.

El proyecto escritural de Nivaria Tejera está además inserto en una marginalidad –esto dicho como afirmación y no como lamento--. Más bien una doble marginalidad, algo que en las letras de nuestro país tiene mucho de fatídico, y es su condición de exiliada y su condición de mujer. Porque si hay una política cultural que la excluye, persiste también una resistencia aún más ancestral por parte de la ideología masculinizante de los que asumen el oficio de "canonizar" los textos literarios.

A esta liminalidad de diáspora y género habría que añadir la dimensión del exilio de la Revolución. No me refiero al destierro del país o a la desvinculación con la geografía, sino a ese espacio lúdico e irracional que desde hace un siglo --desde el llamamiento del Plan de Ayala en el México de 1910—ha sacudido a nuestra América con el nombre de Revolución.

Y cuando hablo del lugar que le pertenece a Nivaria Tejera en la literatura cubana, no aludo a la literatura de la diáspora, sino a la literatura nacional, la que permanece en el tiempo como una sola, sin las rupturas creadas por la política o la geografía, que en definitiva son elementos circunstanciales con los que nuestra propia historia ya nos ha familiarizado. Cómo ignorar que nuestra literatura fundacional fue en gran medida escrita fuera de la Isla. Basta recordar a Heredia, a Varela, a Gómez de Avellaneda, a Villaverde, a Martí

Pero ante una temporalidad de casi 50 años, no podemos desconocer ni disminuir las terribles consecuencias de exilio y lejanía. La ausencia de Nivaria de su país natal solo puede traducirse como una gran pérdida para las generaciones de cubanos en la isla que no la han leído. Que sin saberlo, padecen de una orfandad en su formación intelectual. Porque haber leído a Nivaria habría, sí, constituído una enriquecedora experiencia poética, pero más aún, habría fortalecido el engranaje de las significaciones en la vida nacional, especialmente para la autodenominada "generación de la utopía". 

Porque Nivaria cumple un destino dentro de la literatura cubana del siglo XX, y es su testimonio premonitorio del desencanto con la Revolución. La escritura dolorida e indómita, desolada y colérica, trágicamente sarcástica de Espero la noche para soñarte, Revolución, es una suerte de espejo de Perseo, al que podemos asomarnos varias generaciones y adentrarnos en el reflejo medúsico que nos entrega una mayor conciencia de nuestra historia política, los desaciertos y espantos colectivos que hemos vivido de frente o de perfil –ésto es, desde adentrop o desde afuera-- pero que nos unen desde un trasfondo recóndito y primario. Espero la noche ... es además el discurso universal de la antiutopía (o de la contrautopía, si se prefiere) derramadada a lo largo del siglo pasado, para aquellos a quienes nos tocó vivirlo. Como lo resume la bella dedicatoria de una película rusa: "para aquellos que fueron quemados por el sol de la revolución". No obstante, las resonancias de la escritura de Nivaria Tejera no son solamente para los antiguos creyentes de la utopía socialista, sino para todos los que se han visto atrapados en la maquinaria del poder. Eso que encarnó la obra de Kafka para la literatura occidental: un estado sin nombre y sin etiquetas ideológicas, pero que igualmente aplasta y aniquila.

A diferencia del sujeto kafqueano, para Nivaria Tejera el enfrentamiento con el poder no fue nunca anónimo. Con la publicación de su novela El barranco a principios de la Revolución, da a conocer al lector a la niña de Tenerife, para quien la experiencia del horror tenía un solo nombre: fascismo. La escritora que regresa a Cuba para confluir en el desbordado río de una nueva historia que se estaba escribiendo día a día, era alguien estigmatizado desde la infancia por las ideologías de nuestra época. Alguien que, como la mayor parte del pueblo cubano, creyó ver en la Revolución triunfante una vindicación y una redención del pasado. El título mismo de Espero la noche para soñarte, Revolución, conjuga un lenguaje de sorna y seducción. Una seducción descreída y casi romántica, evocadora de una relación personal e íntima con la Revolución, esa Gran Amante que, como el feliz caballero en la “Sonatina” de Rubén Darío, llegaba "de lejos, vencedor de la Muerte". Espero la noche para soñarte, Revolución es un título que intriga y cautiva al lector, a la vez inteligente y emotivo aunque apela más al corazón que a la razón, pero que le hace acercarse al texto desde lo vivencial y lo coloca ante la hondura de su propia desilusión, la desgarradura de su auto-de-fe.

Y he aquí su mayor afinidad con una Ana Ajmátova, un poco menos con una Marina Tsvetáyeva --esa rara combinación de la poeta exquisita, la fina sensibilidad artística, rubricada por una coyuntura política, amenazadora y omnímoda, que define su existencia, y encauza y rige su destino. Semejantes ambas en intensidad y elegancia, subliman su raimbaudiana estación en el infierno dentro de las texturas de una poesía grave y melancólica, capaces de sobrecoger al lector con su deslumbrante carga de humanidad. Ambas, Ajmátova y Tejera, escribieron a pesar de, con y contra las contingencias que frustrarían la vocación literaria de muchos otros, de muchas otras. El talento y la belleza de ambas poetas habrían merecido un ámbito más amable y propicio. No creo pecar de frivolidad al aludir a la belleza de la joven Nivaria. Ya Claude Couffon la comparó con Colette, y aquellos que la conocieron en su juventud me hablaron siempre de su delicada y frágil belleza. No en vano los antiguos griegos entendieron bien que la belleza cumple una función estética imprescindible. 

Antes de terminar, quisiera reiterar la deuda que nuestra cultura tiene con París, y para no traer a colación la larga lista de nombres que ilustrarían el magnetismo que esta ciudad ha ejercido sobre decenas de escritores, artistas y otras personalidades cubanas, me limito a nombrar el acontecer femenino, comenzando con la Condesa de Merlin y Marta Abreu, y terminando con Amelia Peláez y Lydia Cabrera. Sobre todo en el caso de estas últimas, no podemos desestimar el papel definitivo y trascendental que jugó París en la concreción del imaginario conceptual y estético de su obra.  

Y caso que los nacionalismos sean un sitio trasnochado para la postmodernidad, cito entonces la deuda que toda escritora contemporánea tiene con París. Las referencias iconográficas para la escritora de hoy incluyen a Hildegard vonBingen y a Teresa de Cepeda; para la latinoamericana, Sor Juana es la figura de rigor. Pero menos remota está la imagen parisina de George Sand en las tertulias de café, enfundada en unos pantalones que hoy no tendrían nada de escandalosos, excepto que ella los acompañaba con chaleco y chistera. Mi propia deuda personal lleva los nombres de los interludios en esa ciudad de EdithWharton y Simone de Beauvoir, de Teresa de la Parra y Anaïs Nin, de SusanSontag y de Marguerite Yourcenar.

Junto a ellas, Nivaria sobresale porque simboliza algo más. Ese algo se manifestó para mí hace solo unos días en la Conferencia del Cuban Research Institute de la Universidad Internacional de la Florida, durante uno de nuestros innumerables debates sobre la cubanidad. Me decía el historiador Javier Figueroa que el discurso del exilio histórico estaba agotado. Tuve que responder: Cómo que está agotado, Javier, si Nivaria Tejera está en París.




[1] Ensayo en Canarias, Cuba y Francia: Los exilios literarios de Nivaria Tejera. Editora: María Hernández-Ojeda. Madrid: Editorial Torremozas, 2012.

Petición In Memoriam: Recaudación de fondos para cubrir los gastos funerarios de Nivaria Tejera


Grafoscopio se une a El Centro Cultural Cubano de Nueva York
en solidaridad con la siguiente petición In Memoriam


Queridos amigos y colegas,

La escritora cubano-canaria Nivaria Tejera (1929) falleció el 6 de enero a las 2.10 de la mañana en París, ciudad en la que residía desde 1965. 



Estamos recaudando fondos para cubrir los gastos funerarios de Nivaria. Si pueden colaborar con cualquier cantidad, la familia quedaría muy agradecida. Por favor, distribuyan la campaña entre sus amigos y conocidos. Aquí le damos el enlace pertinente: https://www.gofundme.com/y2hshcgk

Nivaria Tejeda fue una de las voces literarias más auténticas de los siglos XX y XXI en ambos lados del Atlántico. Cabe destacar la importancia de su poesía y sus novelas en las literaturas hispana y francesa, así como el contexto histórico de su obra. Para un perfil personal de su trayectoria como escritora, le remitimos a la siguiente entrevista: 
http://www.itinerariesofahummingbird.com/nivaria-tejera1.html

Gracias por su difusión de esta circular. 
Un cordial saludo a todos,
María Hernández-Ojeda

Centro de Estudios Canarias-América (CECA)
canarias@hunter.cuny.edu 
http://www.hunter.cunny.edu/romancelanguages/ceca

12.31.2015

REYNALDO GARCÍA BLANCO: POEMAS



Del libro Reverso de foto & Dossier (2000)

REVERSO DE FOTO

Amigo
Está por acabarse el siglo
y me gustaría que vieras esta foto
antes que los copos de nieve y sangre
borren de por siempre esas noticias

De izquierda a derecha
con una mirada de ángel hay una mujer con bigotes ella es
Frida Kahlo y su mano reposa sobre el hombro de un tal
Trotski (que se lleva a los ojos una manzana) luego hay una
columna dórica (ahora está sepia pero en el momento de la foto
era roja). Luego sigue un hombre con un cocuyo en la mano
y un tabaco en la boca (hace círculos de luz para que veamos en
esta oscuridad) y parece darle la espalda a una niña que se llama
Greta Garbo (ella juega con un papalote y esa mano que sale
de la nada en un ademán de arrebatarle su juguete es Salvador
Dalí. Muy al fondo puedes leer un cartel que dice “Proletarios
de todo el mundo Uníos” hacia el extremo derecho un
hombre agrega con un pincel “Último Aviso” la memoria me
falla pero me jugaría la vida que es Pablo Picasso. Le siguen
otras personas que a juzgar por las vestimentas son cuáqueros
y rusos o chechenios sabe Dios. Sobre la mesa hay cebollitas
búlgaras y unos vinos René Barbier Rosado. La muchacha y el
viejito son María Kodama y Jorge Luis Borges. El que se está
bajando de la cruz es Jesús. La del traje de enfermera de la
Segunda Guerra Mundial es Isadora Duncan y ese de mirada
tenue que tiene un disco de los Beatles en la mano
es Mao Tse Tung.

Amigo mío
está por acabarse el siglo
y me gustaría que vieras esta foto
antes que los copos de nieve y sangre
borren de por siempre estas noticias aunque lo más importante
es que recuerdes que esto fue hace tiempo cuando no éramos
de dos bandos y había cebollitas búlgaras y unos vinos René
Barbier Rosado y un hombre con un cocuyo en la mano y un
tabaco en la boca.



EL BARÓN ALEJANDRO DE HUMBOLDT ENCARGA UN CUADRO
A SU MAJESTAD FIDELIO PONCE

gilberto girón salta del bergantín
el obispo altamirano va por delante con los pies rotos
las nereidas que suben como una orla
dinero/ carne/ tocino/ cueros
y luego gregorio ramos que entra con la cabeza de gilberto
girón y la pliega en la plaza y esas moscas levantiscas y el país es
de hojaldre de octavas reales y de contrafondo silvestre de
balboa que fuma un tabaco y un cocuyo en la mano da un
relumbre de azules más abajo el mar de manzanillo y el alférez
cristóbal de la caba regidor que va atenuando el lienzo así lo
quiero su S.M. don fidelio ponce a los trece días de abril de mil
novecientos y 97 ea pinte no más lo que le pido que yo pago
con espejo y paciencia no más que con espejo y paciencia.


Del libro Año sabático (2015)


A PROPÓSITO DE LA AUSENCIA DE ALGUNOS AMIGOS

De Alberto, el militar ni cartas, ni una llamada telefónica, nada.
Fue como si el mar se lo hubiera tragado.

OPUS PATRIA

Yo tengo tres patrias:
Cuba
Martí
Y la noche.
Las tres unidas por un único genero vallejiano de alegría. De un estar en Vigilia o duermevela y asumir la vigilancia y el escozor.
Digo Cuba
Y sale la explosión de la vicaria en Viñales
Digo Martí
Y las palabras se cristalizan en el aire
Digo noche
Y el sonido del monte me alimenta.
Abro un libro de historia
Un compendio de geografía
Un manual para astrónomo.
Me pierdo
Me sublevo
Doy el salto mortal y me detengo a ver las caballerías que van rumbo a occidente. Palpo una a una las rocas de la costa y recojo migajas de sal para el viaje profundo. Miro las constelaciones y
me doy cuenta que camino por el borde sur de la patria.
Digo canario, arriero, majá, sinsonte, harina
Y del diario de Martí me asalta el bosque que presiento.
La noche es un pan lleno de estrella
Las estrellas son un carro celeste que se abisman
Se musican como agoreros.
Tres patrias tengo yo:
Cuba como un as de oro
Martí como un as de triunfo
La noche como un as de espada para defenderme de los que me
quieren quitar la lumbre, el arado, la sonoridad y la miel.
Tres patrias tengo yo:
Cuba
Martí
Y la noche.

ISLA CARMESÍ

Tal como te vio el cartógrafo francés
Ladeada
Cortaplumas del golfo
Palma virgiliana
Palma  de Milanés en la llanura confusa de Matanzas. Isla
deformada en el pergamino con ribetes dorados. Llorar sobre el
mapa. Jadear sobre el mapa. Poner ese arabesco sobre el
mapamundi. Buscar el lugar exacto como una pieza de
rompecabezas.

Isla carmesí
Dibujada hace siglos
Ahora memoria y azafrán que salta de un libro de historia y se
explaya sonora como esos músicos en la retreta del domingo.

LOURDES GIL ENTREVISTA A REYNALDO GARCÍA BLANCO

Agradezco a Reynaldo García Blanco su gentileza al concerderme esta entrevista, suscitada a raíz de la premiación de su libro Año sabático el pasado mes de noviembre. Le agradezco, igualmente, el tiempo que le dedicó durante su estancia en La Gran Piedra, desde la Sierra Maestra y en medio de torrenciales lluvias.  Lourdes Gil


L. G: Tu libro Año sabático recibió el Premio Nacional Emilio Ballagas de Poesía en noviembre de 2015.  ¿Podrías hablar un poco sobre el título y lo que significa para ti?
R. G. B: Pasé unos quince años de mi vida coordinando un Centro de Promoción Literaria (el Soler Puig, en Santiago de Cuba) y esa labor me robaba mucho tiempo para lecturas y el acto escritural. Para esa fecha leía unas memorias de Eugenio Barba y me encuentro que de la creencia que uno mismo, como creador, se puede autogenerar. Él pone el ejemplo de Meyerhold en contrapunto a Grotowski y Stanislavski. Y menciona la energía que uno acumula y que luego te permite andar solo. Ese fue uno de los detonantes para dejar un trabajo fijo y me tomé un año sabático (que ya va por cuatro) para leer y escribir y de ahí sale este libro, que es una especie de ejercicio de escritura donde vinculo textos ya de cierta antigüedad con textos nuevos. Una satisfacción íntima de saberme freelance y con los riesgos que ello conlleva.

LG: En tu obra abundan las referencias históricas y culturales, tanto cubanas como universales. Fue una de las razones por las que me cautivó tu poesía desde un principio. Estas referencias se engarzan unas a otras como si estuvieran imantadas y se buscaran solas, sin la intervención consciente del poeta. ¿Se vinculan de manera espontánea cuando escribes, surgen a través de imágenes, del lenguaje o de una combinación de ambos?
RGB: Mi formación en literatura es autodidacta. Estudié Electricidad. Luego Agronomía y ya con más de 50 años de edad me gradué en Estudios Socio Culturales. Y como soy un lector heterodoxo, plural, indisciplinado, sospecho que esas referencias históricas y culturales que usted menciona salgan de ahí. Si mal no recuerdo era Blake el que decía que el tigre tenía mucho de cordero digerido. Ahora pienso que sí, que tiene mucho de espontáneo.

LG: En Año sabático estas referencias continúan presentes, pero lo cotidiano se instala como sujeto y protagonista de los poemas. Hay también una nueva mirada, un tono de mayor serenidad y un lenguaje salpicado de alusiones budistas. ¿Estás de acuerdo con esta apreciación? Si es así, ¿podrías hablar de cómo se produce esta evolución?
RGB: Sí. He venido trabajando mucho en ese intento de  apresar lo cotidiano. Es como una curación de actitudes en relación con mi propia escritura. Una serenidad que viene de descubrir el acto de meditar como ejercicio espiritual y la lectura de autores como Thomas Merton.También escuchar los pequeños detalles que nos asaltan cada día y que por la prisa con la que vivimos no somo capaces de percibir.

LG: Regresando a tus temas, podríamos dividirlos someramente en arte mayor y arte menor. No en función literal de la métrica, sino me refiero más bien a los grandes temas clásicos frente a los pequeños detalles de la vida diaria. ¿Dirías que ha habido una inversión, o quizás, una transformación en cómo los abordas en tu poesía anterior  y cómo lo haces en la que escribes actualmente?

RGB: No había pensado en eso. Me gusta más hablar de transformación. No es que desdeñe esa poesía  donde no falta la ironía, lo político, lo aparentemente patriótico y con esta mirada de ahora donde se han formalizado lecturas, observaciones, lo sensorial. Algo así como despojar al poema de ese andamiaje de palabras. Decir más con menos. Pensar el poema como el acto de respirar.

LG: Tu poema "Reverso de foto", del libro homónimo publicado en el 2000, es un verdadero juego de predistigitación. En él realizas infinidad de transposiciones y yuxtaposiciones que desconciertan al lector (al menos, a esta lectora). Uno de los motivos de esta confusión es que, aunque tu referente es el célebre mural de Diego Rivera "Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central", en tu texto aparecen los nombres de Picasso, Borges, Isadora Duncan, Dalí, los Beatles, etc., a la vez que omites a figuras que el mural incluye, como Benito Juárez, Maximiliano o Porfirio Díaz. De este modo, separas al lector del contexto que se propuso Diego, de representar 400 años de la historia de México, y lo encauzas hacia una reflexión sobre el siglo XX. Me pregunto --y te pregunto—si solamente el lector culto capta los niveles de significación del poema.
RGB: Se trata de un texto muy intertextual. Ahí también está la cubierta famosa de uno de los discos de los Beatles. Ahí está el trasfondo histórico de las relaciones que tuvimos con los rusos, con el comunismo de mano dura.  Intenté una Breve lección de historia contemporánea, que no logré del todo.

LG: Los temas del tiempo, la memoria y el olvido que planteas son accesibles para cualquier lector. Sin embargo, hay otro aspecto del poema sobre el cual me gustaría que comentaras. Las dimensiones de una obra de arte producen un impacto visual estremecedor en el receptor, aún en otros medios, como sucede cuando te hayas frente a La jungla de Lam" o el Guernica" de Picasso, por ejemplo. Al reducir el mural de Diego al tamaño de una fotografía –hablamos entonces de pulgadas—, esa experiencia de la monumentalidad se pierde. Pienso que, por un lado, la foto te permite ahondar en un supuesto reverso: lo que permanece oculto, lo que no salta a la vista. Además, me parece que de modo indirecto lanzas un desafío a esa misma grandiosidad que fue otra característica del siglo XX y sus grandes épicas, de las que el mural de Diego resulta tan emblemático, como lo fue la Revolución Mexicana.
RGB: No recuerdo si fue Kafka o Camus el que dijo que "Se fotografían las cosas para poder sacarlas de la cabeza". A mí siempre me llamó la atención El pez de oro, de Paul Klee. Lo mencioné en un poema. Cuando pude ver el original me decepcionó. Yo lo imaginaba más grande. Más de impacto. Susan Sontag, en su Diario o en uno de los ensayos, recuerda la fotografía como ilustración, desmitificación, alucinación. Ambas cosas. Pienso que Reverso de foto tiene mucho de eso.

LG: Volviendo a la idea de un lector culto, en “A propósito de la ausencia de algunos amigos”, que pertenece a tu premio más reciente, Año sabático. No puedo menos que cuestionar si el lector promedio, alguien que no haya leído “Los zapaticos de rosa” de Martí (y fuera de Cuba casi nadie lo ha hecho) puede entrever su trascendencia.
RGB: Ese es el riesgo de las referencias, las intertextualidades. En cierta ocasión escribí un texto donde mencionaba "La bailarina española". Pero no era el poema de Martí. Era el poema de Rilke.

LG: Para terminar, me intriga conocer más sobre la imagen del hombre con el cocuyo y el tabaco que aparece al final del poema, pero que está también en “El Barón de Humboldt encarga un cuadro a su majestad Fidelio Ponce”. ¿Se trata de un símbolo de lo cubano o alude a alguien en particular?
RGB: Mira. Tal vez un lector que se enfrente a “A propósito de la ausencia de algunos amigos” y no tenga la referencia de la obra de Martí puede hacer “su lectura” a partir de otra referencia, ya sea personal, histórica o geográfica. En relación a la imagen del hombre con el cocuyo en la mano y el tabaco en la boca unos ven al poeta Cucalambé (Juan Cristóbal Nápoles Fajardo), otros han visto a Fidel Castro y yo, en realidad, lo que intenté reflejar fue un símbolo de los cubano.
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REYNALDO GARCÍA BLANCO. (Sancti Spíritus, Cuba, 1962). Poeta, ensayista y promotor cultural. Residente de Santiago de Cuba y devoto por igual de ambos sitios, Sancti Spíritus y Santiago de Cuba. En su cuantiosa obra destacan Campos de belleza armada, País de hojaldre, Reverso de foto & Dossier, Perros blancos de la aurora, entre otros títulos.


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