1.05.2018

5 PREGUNTAS A ADRIANA BOSCH

A PROPÓSITO DE CARTAS A ELOÍSA
DOCUMENTAL EN PREPARACIÓN 
SOBRE LA VIDA DE JOSÉ LEZAMA LIMA

Para el desarrollo de este documental se han recibido fondos parciales de varias prestigiosas instituciones como el National Endowment for the Humanities, Latino Public Broadcasting e Independent Television Services. 
   Hoy, Adriana Bosch, realizadora del documental, ofrece detalles e informa que el proyecto está a la mitad de su producción y se encuentra en un momento en el que, antes de poder tener acceso a nuevos fondos, se deben realizar nuevas entrevistas y armar un “rough cut” para completar el rodaje y pasar ya de lleno a la post-producción. Animamos a visitar y contribuir a la campaña de crowdfunding en el sitio en internet Indiegogo con el fin recaudar fondos para llevar a cabo el documentalEs un momento fundamental para la terminación del proyecto y cualquier ayuda es bienvenida, ya sean 5 dólares o 500 dólares.  


José Lezama Lima, uno de los escritores hispanoamericanos de mayor influencia, 
murió en su natal Cuba en absoluto ostracismo. 

R.M.: ¿Por qué Lezama a la altura del Siglo XXI?
A.B.: Hay muchas razones por las cuales la poesía y la narrativa de José Lezama Lima lo han convertido en un escritor aún vigente en el Siglo XXI; sobre todo, cuando tantos otros grandes escritores hispano-americanos no tienen el mismo influjo en las nuevas generaciones que, sorprendentemente, Lezama tiene hoy.
   Personalmente, prefiero responder de manera más contextual e histórica que literaria, refiriéndome a lo que conozco y manejo como documentalista y narradora de historias. Creo que una razón se encuentra en las características del lenguaje barroco de Lezama que permitía a una generación de jóvenes cubanos expresar sus dudas y sus rebeldías en una manera en la que evadían la censura del discurso oficial del régimen. Otra razón, tal vez, sea la integridad de Lezama y el hecho de que jamás transó con el estado cubano, y siguió su camino pagando las consecuencias en soledad, aislamiento, y anonimato. Hay una frase en la que Lezama dice que "un país frustrado en lo esencial político puede alcanzar virtudes y expresiones por otros cotos de mayor realeza". En otras palabras, la frustración política no obstaculiza que el país pueda encontrar su destino, al margen de la política, y crea la esperanza de imaginar una nación que trasciende la isla y se extiende a su diáspora.

La columna vertebral de la narrativa, tal y como el título del documental sugiere, 
es la correspondencia que Lezama Lima sostuvo con su hermana entre 1961 y 1976.

R.M.: ¿Quiénes son los co-protagonistas de esta historia?
A.B.: La columna vertebral de la narrativa, tal y como el título del documental sugiere, es la correspondencia que Lezama Lima sostuvo con su hermana entre 1961 y 1976--publicada por primera vez bajo Cartas a Eloísa en 1979--y eso enmarca los co-protagonistas en términos de las vivencias que pudieron compartir con Lezama, así como sus propias anécdotas y observaciones de los hechos que comprenden esta cronología. Aquí hablan, por ejemplo, José Triana, Jorge Edwards, César López, Reinaldo González, Margarita Mateo, Jesús Barquet, el misterioso vecino de Trocadero 162 altos; y, con suerte,  Mario Vargas Llosa, Antón Arrufat y; algunos familiares como el hijo de Eloísa, Orlandito, Eloísa, desde luego, es su acompañante en el viaje. Además, hay otros compañeros de historia como Julio Cortázar, Virgilio Piñera, Cintio Vitier, Heberto Padilla, los cuales desempeñan un papel clave en la historia de Lezama, al igual que el estado cubano, entidad que maneja el contexto contra el cual Lezama y sus ultimos quince años de vida se desenvuelven. Al hablar del rescate entra en juego también el grupo de escritores pertenecientes a las siguientes generaciones y entre los cuales se
encuentran Antonio José Ponte, Alberto Lauro Pino, Senel Paz, Rita Martin, Roberto Méndez y Enrico Mario Santí, quienes, además de hablar del rescate en sí, también ayudan a contar la vida de Lezama y nos acercan a su poesía y su prosa. 


las cartas describen mucho del contexto de Cuba en esos años,
y aún algo más importante, su estado anímico.

R.M.: La vida de José Lezama Lima resulta, de alguna manera, la de un hombre imbuido en sus lecturas y escrituras, carente del atractivo de los grandes contrastes o de los escándalos, ¿qué retos enfrenta un documental centrado en la vida de un sujeto "al que le suceden cosas"?

A.B.: Este es un reto que hemos ido enfrentando y hasta hora hemos ido solucionando poco a poco. Efectivamente, Lezama es un hombre encerrado en una casa donde, en realidad, no pasa nada. Contrariamente, las cartas describen mucho del contexto de Cuba en esos años, y aún algo más importante, su estado anímico. El sufrimiento de Lezama es profundo y explícito... y eso se puede ilustrar de muchas maneras; a través de imágenes que reflejan la realidad de alguna forma estilizada, o metafóricamente. Y en esto las cartas ayudan en sus maravillosas descripciones. Tenemos, por ejemplo, una carta en la que Lezama describe un frente frío que le agota los pulmones, mientras menciona que María Luisa, dentro de la escasez de 1976, se las ingenia para doblar una sábana en seis para que le sirva de cobija. La misma respiración de Lezama, marcada por el asma, se convierte en una voz más: las inhalaciones, las noches en vela, el reloj que marca las horas, el té preparado para aquel visitante que no llega se enfría sobre la mesa. La Habana, fotografiada con mucho tino para que reflejase en lo posible el deterioro de los 70 --cosa más fácil en el 2011 y 2013 que ahora--nos regala imágenes que captan el momento que vive Lezama. Incluimos, además, muchas fotos que van desde su niñez hasta sus últimos días y por qué no, las cartas escritas de su puño y letra, cuyos originales fueron donados por Eloísa Lezama Lima a la Cuban Heritage Collection de la Biblioteca de la Universidad de Miami. En cuanto a recreaciones, hemos ya grabado en la Habana, en la casa de Trocadero imágenes de Lezama escribiendo, fumando, todo logrado con una muy buena ambientación que recuerda esa casa de Trocadero habitada por Lezama.

El documental trata, en lo fundamental, el tema de la intolerancia, 
que es la esencia de Cartas a Eloísa

R.M.: ¿Propone el documental reflejar las lecciones lezamianas contra la intolerancia y la homofobia, u otros conflictos socio-culturales?
A.B.: El documental trata, en lo fundamental, el tema de la intolerancia ante el individuo mismo, que es la esencia de Cartas a Eloísa. Lezama publica Paradiso, una novela escrita en lenguaje hermético, de un contenido católico y escandalosamente homoerótica para la época, lo cual provoca el rechazo de las autoridades.
   César López ha dicho que al autorizar la publicación de Paradiso por la UNEAC, "sabía que ese libro iba a ser tremendo escándalo". Y así fue. Más claramente, Roberto Méndez, en entrevista para nuestro proyecto, explica que Paradiso, para unos, es "un libro hermético y un libro hermético esconde una actitud antipopular", para otros es "un libro católico y detrás del catolicismo hay una actitud antisocialista" y para otros "es un libro de homosexual y un homosexual es un ser peligroso para el hombre nuevo en la sociedad cubana". De ninguna manera podemos olvidar entonces el Capítulo 8 de Paradiso, que se regó "como la pólvora" por La Habana y las provincias, en el momento más homofóbico del proceso cubano (la época de la UMAP) y que puso a Lezama en la mirilla del gobierno. Ya pasada la crisis de Paradiso y comenzando el éxito internacional de esta novela, viene el "Caso Padilla" que es el tiro de gracia para el escritor. Pero más allá de estas diferencias concretas, está el concepto de la nación cubana de Lezama Lima--inclusivo, universal, esencialmente apolítico, basado en las tradiciones guardadas celosamente y transmitidas en el seno familiar. La confluencia de todos estos aspectos pondrán constantemente al escritor en conflicto con un estado empeñado en imponer una narrativa heroíca, nacionalista, militarista y única. De ahí entiendo la importancia de La cena lezamiana como trasmisora de cultura. ¿A quién otro se le ocurriría usar la comida como tema central de la nación en un momento en que esta escasea en Cuba, mientras en constraste se promueven en abundancia las gestas heroícas? 

Lezama comienza a reaparecer bajo el mismo concepto 
de encontrar el destino de Cuba 
“por otros cotos de mayor realeza”. 

R.M.: ¿Por qué la miríada exílica cubana re/insiste en rememorar la obra y vida de un gran cubano marginalizado como Lezama Lima?
A.B.: Creo que el exilio, o la diáspora, se identifica con Lezama en su condición de insiliado, aquel que sin haber salido del país sufre exclusión, digamosle, exilio interno. Se dice que el insilio es la otra cara del exilio, así que el sufrimiento de Lezama no le es ajeno a éste; sobre todo a la intelectualidad que lo reclama. Muchos exiliados, sean o no creadores, han vivido en carne propia lo que Lezama sufrió. Existe aun hoy ese exilio interno en Cuba en aquellos intelectuales que han luchado por encontrar algún espacio para poder crear en la isla y que se aferran a las lecciones de Lezama como preciado vehículo de resistencia cultural.
   Si lo vemos de manera histórica podría manifestarse una pugna acerca de a quién pertenece Lezama, a los cubanos del exilio o a los cubanos que viven en la isla.  A José Lezama Lima, el estado cubano no sólo le prohibió ir a recibir el "Premio Maldoror de Poesía 1972" en Madrid y el premio de Italia a la mejor obra hispanoamericana traducida al italiano por Paradiso, sino que le negó desde las visitas de las amistades que le nutrían hasta la salida del país para reunirse con su hermana.
   Creo que si bien intelectuales dentro de la isla se han acercado con devoción a la obra lezamiana, desde la otra orilla del exilio, muchos intelectuales han luchado para difundir tanto la obra como el legado de integridad de un individuo y su sufrimiento a manos de un estado que lo marginalizó al censurarlo, silenciarlo y casi lograr hacerlo invisible si no hubiera sido por ese exilio que se empeñó en mantenerlo vivo. Estamos hablando de un escritor del que, a partir del período mencionado hasta el momento de su muerte, jamás se volvería a escuchar, sus libros no se publicarían ni serían incluídos como lecturas de estudio, y del que algunos sólo conocían su nombre por figurar en la lista de los "escritores prohibidos".
   En cuanto al rescate de Lezama, que, como ya hemos mencionado, comienza en el exilio y se manifiesta en Cuba, en las universidades a partir de los jóvenes creadores que encuentran en las ideas lezamianas una alternativa al discurso oficial, Lezama comienza a reaparecer bajo el mismo concepto de encontrar el destino de Cuba “por otros cotos de mayor realeza”. Cuando el oficialismo comienza su propio rescate Lezama, en gran parte como respuesta a la desaparición del bloque socialista, surge tanto entre los lezamianos de Cuba y del exilio,  el temor de que Lezama pase de víctima a figura legitimizante de la revolución. En ese contexto el rescate de Lezama, se convierte en pugna, y es ahí que las Cartas a Eloísa entran a jugar como un testimonio irrefutable “de su puño y letra” acerca de la posición, por no decir oposición, de Lezama al estado socialista en Cuba, y de su martirio de hombre acosado por el totalitarismo.

----------------------------------
ADRIANA BOSCH. Directora de documentales. En su trayectoria de más de 30 años sobresalen realizaciones para la serie “Los Presidentes” del programa American Experience de PBS, y Fidel Castro (2005), el documental sobre William Morgan, titulado American Comandante (2015) y las series Latino Americans, ganadora de un premio Peabody, sobre la historia de los latinos en los Estados Unidos (2013) y Latin Music USA, acerca de la contribución de los artistas latinos a la cultura estadounidense (2009).
-->

8.15.2017

JOSE LUIS SANTOS: RÉQUIEM POR EL CINE EL VAQUERITO

Los pueblos sin historia son como el viento en el pasto del búfalo. Proverbio Sioux

La situación de este cine con nombre de héroe de nuestras hazañas barbiluengas, no es diferente de la de otros tantos cines insulares. La conjura del aperturismo de los nuevos soportes tecnológicos y la apatía de los decisores en materia de salvaguarda de instituciones culturales, ha sumido estos espacios en el más ominoso de los abandonos. Muchas plazas de exhibición del llamado séptimo arte, son hoy “hogares calurosos/tomados por derecho de conquista”,[1] edificaciones cerradas en espera de algún proletario destino, léase: bodegas, bares asfixiados por la imitación de bares verdaderos, comedores para ancianos en los que el aperitivo (o el funche en los recursos tropológicos del vulgo)  recibe el tratamiento kitsch de “Suplemento de Ayuda Familiar”. En el peor de los casos, ruinas o comandancias de toda clase de roedores e insectos.
Lo cierto es que el cine El Vaquerito, ubicado en la calle Pancho Rodríguez del poblado de Mata, tuvo un preámbulo de bonanzas, una pretérita existencia, por muchos desconocida, que invita al rescate y la focalización. Erigido a mediados de la década de los cincuenta por mandato y finanzas de Pedro Corcho, parte de un sector empresarial dedicado en la zona al poco privilegiado negocio de las Bodegas. No pudiendo el inversionista costear por mucho tiempo semejante aventura cultural, decidió venderlo a los hermanos Modesto y Delmiro Días Fernández, conocidos en la zona por Los galleguitos, antecedentes de una diáspora que, en busca de fortuna y huyendo de una España lorquiana y dura, se asentaron en estos dominios, procedentes de la comarca de Villarchao en el municipio de Fonsagrada. De este modo, se rescataba para un pueblo desasistido por la gracia de los mapas, la invención de los hermanos Lumière, teniendo, detalle hoy ignorado, el estatus de cine-teatro, con una plantilla de dos proyeccionistas (Armando Vilorio y Manolo Gómez), una vendedora de tiques (Reina Borges) que, poseedora del don de la ubicuidad y ajena a esos clichés del marxismo primigenio sobre la explotación de la clase obrera en el capitalismo, etcétera, simultaneaba la venta de papeletas con el oficio de portera (dando chance a los menos favorecidos económicamente), y al mismo tiempo se desempeñaba como la acomodadora que, cual remedo del guardián del cuento kafkiano y linterna en mano, velaba por el silencio en el interior del local, así como también por la cancelación de cualquier asomo del Eros en las jóvenes parejas. Por su parte, un trabajador del entonces central Santa Lutgarda (Tito Volufe), se ocupaba de los menesteres eléctricos cuando una bombilla diseñada por Alva Edison en otra época, y resemantizada en la que nos ocupa, tenía un promedio de vida superior al de cualquier persona.
Clodomiro Valdez, pelotero jubilado y testigo del nacimiento de esta empresa que asumiría en siglas el apellido de sus gestores (teatro Dífer), me asegura que la misma apostó siempre por la recreación en detrimento, muchas veces, de la recaudación. Otro matense acérrimo, Papi la Rosa, me relata al detalle la logística original de la entidad: fue necesario instalar un sumidero cerca de las lunetas bajas, ya que el cine se levantó sobre poderosos manantiales que, en tiempo de lluvias, hacían de las suyas. También, continúa la Rosa con el énfasis de quien hace del terruño su Excalibur, había quinientas veinte lunetas y dos turbinas extractoras de aire (y el uso del pasado del imperfecto me conmueve). La acústica, remata Clodomiro, estaba a la altura de cualquier cine habanero de la época, y los baños (con independencia del destino genérico) tacitas de oro, vaya que ni en la casa de uno se pudiera “mear” en un inodoro de tan buen semblante.
Los galleguitos, afines con su origen peninsular, priorizaron las películas de procedencia española, haciéndose sentir las temáticas de toreros catapultados del anonimato a la más mediática de las famas. Muchos, mi madre entre ellos, escucharon (y vieron) por primera vez un cuplé en los altos quilates sonoros de Sarita Montiel: “cómpreme usted señorito un ramo de violetas”. Y otros, en cambio, apostarían por la seducción nortocéntrica: Errol Flynn, Henry Fonda o Tyrone Power, galanes del western, harían suspirar a las féminas del poblado, llegando, incluso, a pautar el corte de cabello y el uso de pañuelos ceñidos al cuello en el caso de los hombres (por fortuna para los cinéfilos epocales, el diversionismo ideológico, modalidad inquisitiva importada, no haría sus estragos hasta años más tardes).
Teatro al fin, no faltó el humoristic performance como le llaman hoy a todo lo relacionado con la búsqueda de la risa (incluso, de la infértil risa que proviene de los infértiles centros nocturnos, a los que accede únicamente la nueva aristocracia criolla). Tampoco la música en vivo escasearía: el solista Miguel Baeza y el trío conformado por los hermanos Surí Pérez, amenizarían las matinées sin la presencia del background, porque la tecnología no era entonces factor preponderante. El comienzo de la primera tanda del día, fue saludado con el lanzamiento de un piro cartucho hasta su prohibición por un integrante de la pareja de guardias rurales del poblado, bajo el falaz argumento de que no podía distinguirse entre la explosión de un volador y un sabotaje de los “ñángaras”. La campana de la parroquia, en un gesto de desenfado clerical, asumiría la función de portavoz del cine.
De pronto estamos ya en el año 1963, derrotado el batistato por la insurgencia del cabello largo y los collares de Santa Juana, se promulga la Ley de Nacionalización y el cine-teatro Dífer pasa a ser propiedad de las masas, ese vocablo abstracto. Dada la vecindad con el central azucarero El Vaquerito (1 kilómetro), adopta el nombre de este guerrillero de vida breve, pero intensa como la de los mejores personajes homéricos. El proyector RCA Víctor es substituido por otro, fabricado en el país de Lenin que, dicho sea de paso, es también el de la Ajmátova. Nunca más se mencionó el nombre de Los galleguitos en Mata, la dualidad cine-teatro es cancelada por una era de cambios, pasando a ser solamente cine. La programación de este continuó, priorizando ahora la cinematografía rusa, sin aludir ni por asomo a la estética de Tarvkoski. Filmes antológicos como Alexander Nesvki y Acorazado Potenkin (rodados ambos sobre una nieve impostora), lo mismo que la obra de Kurosawa, Fellini o Coppola, habrían de esperar hasta que los cubanos, guiados por la sapiencia del Doctor Mario Rodríguez Alemán, nos creáramos una cultura cinéfila medianamente aperturista a través del difunto espacio Tanda del Domingo. No obstante, el cine El Vaquerito continuó su vida edénica (o casi edénica). En los 80, con casi tres décadas de retraso, vimos, con las preferencias aún sin pulimentar, la lacrimógena historia de Julio Iglesias, trasmutando de insulso portero del Real Madrid a cantor de aplausos y millones. En blanco y negro, recibimos a Kirk Douglas encarnando a un adalid de las huestes vikingas, y también a Louis de Funes, sempiterno perseguidor del villano Fantomas. Con Carmen Sevilla viviríamos el despertar de un Eros, traumado por los dogmas de la familia y la escuela. Luego tocaría el turno a Bruce Lee, héroe de las productoras de Hong Kong, y también el nuestro, ebrios ya de heroicidades dignas más de un comic que de un poema épico. De los nuevos operarios logro rehacer los ojos claros de Flora Márquez, luciérnagas precisando avistamiento en la taquilla del cine, el resto del personal se me distorsiona en la memoria, tal vez por su falta de pertenencia al gremio, o porque a su imagen faltó alquimia para ser sin volatilizarse.
En los 90, con la depresión del transporte ferroviario, se deprime también el traslado de los rollos de películas en su estrafalaria envoltura metálica, la que se realizaba habitualmente en los trenes del ramal Sagua-Caibarién, dada su eficacia con respecto al transporte sobre neumáticos. El otrora cine-teatro Dífer no escapa a los agujeros negros del Período Especial, ni al complot de las caseteras de video particulares, antesalas del soporte DVD. La vida de un poblado que alguna vez girara alrededor de la inversión hecha por Los galleguitos, comienza a girar en otras direcciones menos relevantes (y al mismo tiempo direcciones más apremiantes, como la ausencia de provisiones en la mesa diaria). El sol, al decir de Sabina, fue secando la ropa de la vieja Europa, al tiempo que se filtraba con la mayor desfachatez hacia el interior del cine por cada una de sus grietas en su adefesiero retrato actual. Si bien la crisis económica cargó con la culpa de la depauperación del local,[2] de una buena parte de esta no se puede eximir a la dirección municipal de cultura en Cifuentes. Diferentes administraciones matizadas por la indolencia, permitieron que las quinientas y tantas lunetas de que hablara con orgullo el poblador matense, se evaporaran como por efecto de magia en una especie de intríngulis para ser investigada por el teniente Leo Marín, protagonista de la saga detectivesca de Lorenzo Lunar.
Aunque ya pocas personas asisten a los cines, no se debe olvidar que estos desempeñaron un importante role en la producción de saberes y sano esparcimiento con menoscabo aun de lo que recaudaban, pues la entrada a dichos centros se ha cobrado siempre en Cuba a precios simbólicos.  Y en  el imaginario de cada quien, perdura un cine-teatro Dífer y un cine El Vaquerito que aguarda, amén el fracaso de su objeto social, por la llegada de los espectadores que alguna vez fuimos, acaso porque la patria, como ya se ha dicho, es el lugar de la infancia y de la juventud.






[1] Sigfredo Ariel: Born in Santa Clara. La Habana: Ed. Unión, 2006. Pág. 41.

[2] Creo necesario acotar que mientras recopilaba información para este artículo, pude percatarme del deterioro en que se halla el busto de José Martí perteneciente a la logia masónica de Mata. La pequeña escultura carece, de modo grosero y ominoso, de su nariz. Y en los pueblerinos entramados, duele admitirlo, se cuece alrededor del suceso la más inimaginable y mordaz de las espinelas.


--> --> -->

7.24.2017

calvert CASEY: MEDITACIÓM JUNTO A CABALLERÍA

Para Olga Andreu


No sin cierta conmovida ternura suelo contemplar algunas tardes la trampa que se abre, inadvertida para muchos, junto al Muelle de Caballería. La oculta abertura lleva al túnel que, tendido por debajo de la bahía, conduce las deyecciones de la gran ciudad: la cloaca máxima, el gran vertedero de la urbe.

            A veces unos hombres desatornillan la trampa con gran estrépito de metal y cadenas. Por una oculta escala se les ve descender hasta que los hombros y la cabeza se pierden debajo del asfalto. Por el hedor que invade la calle al abrirse la trampa, diríase que descienden al Averno, y se disponen a abordar el Tercer Círculo. Creo más bien que abandonan el estruendo del presente y que se internan conscientemente en el ámbito sosegado y más constante de lo que ya es pasado, que la ciudad arroja de sí sin intermitencias. Los olores son solo circunstanciales.
            Imagino el Gran Túnel cuando al arrancar justo bajo el muro de contención se interna en una pendiente suave bajo las aguas negras de la bahía, entre los restos monstruosos, hinchados y comidos de orín que el puerto ha acumulado en su vientre, a lo largo de cuatro siglos de civilización. ¿Qué vision surgiría ante nuestros ojos si algún día decidieran cerrar la boca al agua fresca del Océano y desecar la bahía con una succionadora gigantesca? ¿qué dejaría ver el limo en la fosa inmensa cuando el sol consumara la evaporación? Culebrinas, femurs, centavos de cobre; todo el gran amasijo del tiempo.
            Por entre el negro silencio adonde jamás llega la luz, junto a los restos fabulosos, el túnel repta por la parte más estrecha de la bahía, se interna bajo el costado de Casa Blanca, donde las aguas indescriptibles reciben un nuevo impulse, desciende profundamente bajo el farallón de La Cabaña y más allá del arenal anémico del Chivo, detrás del Morro, se le ve adentrarse en el Océano, llevando tras de sí bandadas delicadas de gaviotas que se agitan husmeando el almuerzo.
            En una claridad lunar, bajo las arcadas del túnel revestido de ladrillos reacios a las emanaciones, pasado el primer aluvión de la mañana cuando la ciudad se despierta y se apresta para el día, imagino pasar la carga lenta cuando inicia el gran viaje. Un silencio enorme, solo roto ocasionalmente por el latido lejano de las grandes bombas de impulsión, o por el gotear de la bóveda que el túnel agiganta, preside esta primera etapa. En este silencio astral la ciudad se libera de su pasado. La vida animal y vegetal están excluídas de este mundo de emanaciones letales, sedimento del ciclo de la existencia.

            Bajo los focos pálidos colocados a grandes tramos pasan lentamente los restos de la vida, sellos, envolturas, cristales, sangre, ámpulas, uñas, apuntes, cabellos, anillos, semillas, piedras, pagarés, gasas, peines, cigarros, supositorios, topacios, lirios, hollín, parches, escamas, sedantes, lágrimas, insecticidas, depilatories, cucarachas, cartas de amor, dedales. Súplicas, cálculos, gargarismos, revigorizantes, lavativas, esmeraldas, poemas, vermífugos, balas, lentejuelas, notas de odio, madejas, estupefacientes, increpaciones, esparadrapos, azogue, puñales, óvulos, ojos de vidrio, navajas, secreciones, amenzas, pañuelos, cerumen, carbon, oraciones por difuntos, dientes, transferencias, limo, medallas, cenizas, recados, astringents, adioses, rosas, cal, lejía, no-me-olvides, lagartijas, agujas, notas suicidas, encajes, espermatozoides, rectificaciones, botones, manifiestos, lentes de contacto, pan, perlas, cheques, jabones, libros de misa, gorriones, monedas, fetos, cosméticos, astillas, fichas de dominó, maderos, recibos, guantes, golondrinas, naipes, espejos, lápices, flores, boletines, pus, recordatorios, hostias, hierbas, estampas de navidad, sudor, reconstituyentes, ajorcas, tapas, calmantes, jeringuillas, promesas, teteras, pétalos, algodones, suelas, támpax, granos, polvo, ramas joyas, asas, zapatos, hojas de libros, resguardos, diamantes, alpiste, excitantes, arena, jazmines, pastillas, marugas, intoxicantes, alpargatas, zafiros, pestañas, radium, hemostáticos, gasoline, caucho, chinches, venenos, conchas, ovillos, retractaciones, desodorantes, rizos, cejas, alambres, velas,
Foto de Roberto Suárez.
panfletos, termómetros, ratones, medias, esputos, albahaca,
cáscaras, juramentos, motas, cápsulas, huesos, esencias, antibióticos, relojes, vísceras, espejuelos, ligas, limas, tabaco, hilos, cadenas, quistes, estropajos, antihistamínicos, plumas, antídotos, papeles de bombón. 






----------------------------------------
CALVERT CASEY. Narrador cubano de origen estadounidense. Hijo de una madre cubana y un padre estadounidense, nace en Baltimore, Estados Unidos, en 1924 y fallece en Roma, Italia, en 1969. De su producción literar destacan los siguientes títulos, en cuento: El regreso, 1962, reeditdo en España con el título de El regreso y otros relatos, 1967; en periodismo: Memorias de una isla, 1964; en novela: Notas de un simulador, 1969.

Los más visitados

Teatro en Miami Studio

Akuara Teatro en Miami presenta El banquete infinito de Alberto Pedro

Diciembre: Virginia los viernes y Traficantes de pasión los sábados. En YouTube: Akuara Channel