8.10.2010

La mente humana siempre necesitará palabras

Entre 10 y 15 (Rita Martin entrevista a Amir Valle)

Grafoscopio inicia (o continúa) un viejo y soñado proyecto: una conversación con creadores cubanos y latinoamericanos sobre la escritura, el oficio de escritor, el exilio o inxilio, los regímenes totalitarios, y las preguntas que los escritores y artistas se hacen más allá de políticas que parecen eternas pero que sabemos temporales y finitas, a diferencia de la memoria humana que salva la literatura y el arte.

Hoy, con nosotros, Amir Valle.

Razones para la escritura

No puedo definirte qué significa escribir pero sí sé que cuando no lo hago ni yo mismo me soporto



R.M.: ¿Por qué se escribe? ¿Qué significa escribir?
A. V.: Recuerdo perfectamente que escribí lo que puedo considerar mi primera historia cuando tenía 7 años y terminé de leer Las aventuras de Tom Sawyer. Había algo en aquel libro que me gritaba “escribe, Amir, escribe”, quizás porque yo vivía entonces en un ambiente muy similar al de Tom Sawyer, en un pueblito de Holguín llamado Antonio Maceo, con un río, grandes bosques, un central y tenía historias muy parecidas. Seguí la orden de esa voz y escribí, no recuerdo qué, pero no puedo olvidar ese momento de iluminación. Seguí haciéndolo por placer, leyendo la amplísima biblioteca de mis padres, maestros, y marcando mi horrible letra en cuadernos que guardé muchos años hasta que conocí a Aida Bahr y a José Soler Puig que fueron quienes me mostraron que escribir era mucho más que un placer onanista. No puedo definirte qué significa escribir pero sí sé que cuando no lo hago ni yo mismo me soporto.

Todos mis libros nacen de la rebeldía.
R.M.: ¿Cuál fue el origen de libros como Tiempos en cueros y Yo soy el malo?
A.V.: Todos mis libros nacen de la rebeldía. Lo he venido a descubrir ahora, con 43 años, cuando entrevistas como ésta me han puesto a pensar en la génesis de lo que he escrito. En el caso de estos dos, que fueron mis primeros libros armados conscientemente con esa estructura y también mis primeros libros premiados y publicados, nacieron del mal sabor que me quedó cuando leí El niño aquel, de Senel Paz. Yo, hijo de los maestros del pueblo y nieto de unos abuelos ricos, era un “niño bien”, tuve todos los libros que quise, todos los juguetes que mis padres pudieron darme o hacerme (mi padre, que era carpintero ebanista antes del 1959, me hizo muchos juguetes), vivía en una de las mejores casas del pueblo y, además, era hijo único y muy mimado, no tuve esa ingenuidad (casi hasta llegar a la tontería) de los cuentos de Senel. Esos dos libros nacieron de eso, de la rebeldía ante lo que creía un invento porque ni yo ni mis amigos éramos así de ingenuos… había mucha picardía en nosotros, mucho doble sentido e, incluso, mucha maldad. Así escribí Tiempo en cueros y luego, otra vez por rebeldía, por soltar mi inconformidad con muchas cosas que viví como adolescente o en la Universidad, escribí Yo soy el malo, que inicié con varios cuentos de mi anterior libro. Esos libros, además, me traen grandes recuerdos: Tiempo en cueros ganó el Premio 13 de Marzo (muy importante en aquellos años), Yo soy el malo fue Primera Mención del también importante Premio David y me permitió comenzar la larga hermandad literaria y personal que me unió al escritor Guillermo Vidal, que ganó el Premio David ese año.

la vida de los cubanos, en la isla y en el exilio, ha estado gravitando desde hace más de 50 años en torno a la enferma alucinación de un hombre.
R.M.: ¿Por qué Las palabras y los muertos?
A.V.: Lo he contado en alguna otra entrevista. Soy un coleccionista rabioso: poseo quizás la colección más grande que existe de cuentos de Pepito (más de seis mil en estos momentos) y como amante de la Historia (así, con mayúsculas) me dediqué durante varios años a recoger pequeñas historias, anécdotas, etc, sobre lo que pensaba la gente humilde, la gente de a pie acerca de “La Historia Patria”. Durante varios años desde que comencé la universidad en 1984 y hasta finales de los años 90 recopilé todo ese material y justamente el escritor Guillermo Vidal, en una de sus usuales visitas a mi casa, se sentó en mi computadora, abrió la carpeta “La Otra Historia” y se puso a leer. Al rato, se viró hacia mí y me dijo: “¿te has dado cuenta de que tienes aquí una novela histórica sobre la otra cara de la historia?”. Lo más intrigante, casi triste, vino meses después, cuando decidí organizar cronológicamente las historias que había recopilado y me di cuenta de que todas tenían que ver directamente con Fidel Castro. Fue molesto, jodido, porque eso me acabó de reafirmar la veracidad de una idea que todavía hoy me incomoda: nuestra vida, la vida de los cubanos, en la isla y en el exilio, ha estado gravitando desde hace más de 50 años en torno a la enferma alucinación de un hombre, Fidel. Y esa molestia me hizo rebelarme y decidirme a escribir, a pesar de los riesgos, esa novela. Se llama así porque, de muchos modos, la manipulación a la que hemos sido sometidos los cubanos está armada sobre esos dos términos: palabras y muertos.

en la novela, ciertamente, es una larga espiración hasta que pongo el punto final.
R.M.: ¿Cómo describiría el proceso creativo en Ud.? ¿Se debe hablar de esa desprestigiada palabra que es la inspiración o de espiración? ¿Estar dotado es perderse como decía Jean Cocteau?
A.V.: Creo que el periodista que soy, pues estudié esa carrera y amo al periodismo como oficio, le impone al proceso creativo dos etapas: una vez que surge la idea, como en casi todos los casos se trata de algo bastante anclado en la realidad, paso un largo tiempo investigando, leyendo sobre el tema y recopilando información. Después, cuando ya creo tener suficiente material para dar vida literaria propia a la historia elegida, viene el proceso escritural que no suele demorar mucho. He tenido la suerte de poder vivir de mis libros y del prestigio que he ganado como escritor en estos últimos 5 años y eso me ha permitido dedicar casi toda la mañana a la escritura, de modo que avanzo mucho. La inspiración, en mi caso, se aposenta más en el cuento… en la novela, ciertamente, es una larga espiración hasta que pongo el punto final.

Soledad y multiplicidad

me dedico a leer, a investigar con más tiempo sobre temas que luego se convertirán en libros
R.M.: ¿Cómo supera los malos momentos de bloqueo o página en blanco?
A.V.: Cuando, a los 21 años, bien lo recuerdo, tuve mi primer bloqueo, creí que me moría. Pero el escritor Eduardo Heras León me dio un consejo que me guía hasta hoy: “debes entender, querido Amir”, me dijo, “que esos procesos ocurren cuando las lagunas de conocimiento del escritor deben llenarse. Es como si tu cerebro te pidiera a gritos que lo dejes llenarse de nuevas experiencias, nuevas emociones, nuevas lecturas, para poder seguir escribiendo”. Desde entonces, cuando llegan esos momentos me dedico a leer, a investigar con más tiempo sobre temas que luego se convertirán en libros, me hundo en nuevos proyectos literarios o periodísticos…cosas así.

los cubanos cargamos con una obligación impuesta por las circunstancias históricas: se nos mira, se nos clasifica, se nos analiza, se nos entiende (o no se nos entiende)
R.M.: Para Pessoa su ser “participaba de todos los hombres (…) una suma de no-yos sintetizada en un yo postizo. ¿Y para Ud.?
A.V.: De algún modo estoy de acuerdo, aunque también creo que el escritor se pasa la vida huyendo de esa posible circunstancia de ser una suma de otros hombres, una especie de pastiche de otras individualidades. La obsesión de Pessoa de cambiar de piel en su obra y hasta en su vida es una prueba de esa necesidad de huir.
En mi caso particular, lo he dicho otras veces, gravita esa verdad: cada hombre es la suma vital de la experiencia acumulada por él y por quienes le antecedieron sanguínea y biológicamente hablando, y es, además, un espejo donde se reflejan muchas luces y sombras de ese entorno histórico, geográfico y político en el cual ha nacido y respira. Pero, también, los cubanos cargamos con una obligación impuesta por las circunstancias históricas: se nos mira, se nos clasifica, se nos analiza, se nos entiende (o no se nos entiende) desde la perspectiva histórica de lo que ha significado nuestra pequeña islita para la Gran Historia del mundo moderno. Eso refuerza aún más ese espíritu de multiplicidad, esas otredades añadidas a nuestra esencia, que carga con naturalidad, sin notarlo, cada ser humano. Y eso, por supuesto, al menos a mí, me ha impuesto una rabia mayor a la hora de luchar por ser cada día más Amir Valle, el tipo imperfecto y lleno de defectos que soy, que además de cubano es un hombre como cualquier otro.

Oficio

regresa a tu texto con la misma saña con la que uno, como ser humano, quiere corregir, perfeccionar, lo que creemos que otros han hecho mal
R.M.: Pensemos en estas acciones: escribir, destruir, corregir, editar… ¿Consejos para escritores de (novela/poesía/o ambas)?
A.V.: Les doy el mismo consejo que me dio José Soler Puig a mis 17 años y que luego, con otras palabras, me repitió Eduardo Heras León. Vendría a ser algo así: “cuando te sientes a escribir tienes que creer que no existe en la tierra escritor más genial y más grande que tú; tienes que creer que lo estás escribiendo es lo más grande que ha escrito un ser humano… pero cuando hayas terminado de escribir tienes que repetirte, hasta creértelo, que no existe en la tierra nadie más comemierda que tú y que lo que has escrito es lo más imperfecto que jamás se ha escrito. Cuando hayas superado la emoción del parto escritural, regresa a tu texto con la misma saña con la que uno, como ser humano, quiere corregir, perfeccionar, lo que creemos que otros han hecho mal”.

evita escribir para hacer el mal

R.M.: ¿Qué es preciso evitar en literatura?
A.V.: Escribir para hacer el mal. La maldad ha sido siempre sólo un gran tema, no ha sido jamás un arma en el arte.

mis obras literarias están apuntaladas por esas dos circunstancias: la mirada periodística más la investigación

R.M.: ¿Cómo ha transitado entre historia, periodismo, literatura y ese no-género que es el testimonio?
A.V.: El problema está en que amo la historia, el periodismo, la literatura (e incluyo aquí el testimonio que es, para mí, literatura). Y mi problema está en que nunca me ha dado problema saber cuándo debo utilizar uno y otro, aunque te repito que en los tres casos el proceso creativo es el mismo que ya expliqué antes. Soy periodista, me considero un profundo conocedor de la historia del mundo (bastante horas nalga me ha costado, por cierto) y mis obras literarias están apuntaladas por esas dos circunstancias: la mirada periodística más la investigación y el conocimiento del presente y el pasado del tema que narro en materia histórica.

Identificaciones de la literatura

una salvación a la desmemoria de la raza humana
R.M.: ¿Es la escritura una salvación ante la neurosis y la locura?
A.V.: En muchos casos lo es. Pero creo que todavía más es una salvación a la desmemoria de la raza humana y a la aplastante invisibilidad a la que están condenados la inmensa mayoría de los seres humanos cuando abren los ojos a la vida.

como cristiano creo que todo lo que sueñes con fe se hará realidad

R.M.: ¿Qué coordenadas encuentra entre sueño, filosofía y escritura?
A.V.: Es un tema que me apasionó siempre y que ahora, viviendo en Alemania, he podido retomar con la suerte de poder palpar en su lengua y en su esencia vital el espíritu de los primeros hombres que intentaron explicarse esas tres categorías a través de la filosofía. Es, también, un tema que merece un libro, quizás más, pero te resumiré lo más brevemente posible mi experiencia vital con esas tres palabras: soñar ha sido plantearme metas para mi vida futura (y como cristiano creo que todo lo que sueñes con fe se hará realidad); esos sueños, para concretarse en hechos, se han conectado directamente a la filosofía de vida que me ha dado esa experiencia siempre única que es vivir y todos esos sueños (incluso aquellos que todavía no he logrado) y toda esa filosofía está en cada una de mis obras. Aunque parezca pretencioso, quien quiera conocer al verdadero Amir deberá buscar esos sueños, esa filosofía en la obra literaria que he ido dejando cada vez que, como te dije, alguna rebelión interior me ha lanzado a escribir.

jamás me oirás comparar orgasmo y placer, que por cierto, son dos estadíos (sensorial y biológicamente hablando) absolutamente distantes y distintos.
R.M.: ¿Qué relaciones encuentra entre escritura, sexo y placer?
A.V.: Sinceramente, ninguna. Son tres expresiones bien distintas de la racionalidad humana, aunque quizás alguien pueda confundir las sensaciones que cada una provoca. Relacionar estos tres términos es, sobre todo, simplificar demasiado sus múltiples significaciones. Se pueden relacionar, claro, pero sólo en lo epidérmico, en lo esencial, en uno de sus planos más superficiales: el de las sensaciones. Pero jamás me oirás decir, como he oído por ahí, que cuando uno termina de escribir algo bueno se siente un orgasmo (yo prefiero llamar a ese momento “iluminación”, cristianamente hablando). Y jamás me oirás comparar orgasmo y placer, que por cierto, son dos estadíos (sensorial y biológicamente hablando) absolutamente distantes y distintos.

La mente humana siempre necesitará palabras
R.M.: La rapidez del cinematógrafo y de la internet… ¿cómo vincula este mundo de imágenes con la literatura? ¿Hay una crisis de la palabra?
A.V.: La internet es también, y sobre todo, palabra. Ante estas preguntas yo intento siempre recordar que grandes conocedores del tema (Hauser, Bloom, Orson Welles, Woody Allen, y hasta Bill Gates, por mencionar a los que ahora me vienen a la mente) han dicho que jamás podrá prescindirse de la palabra porque cada imagen tiene que ir a un significado lingüístico para poder concretarse en la mente humana. Es un proceso automático de la mente que, a fines de los 80, en la Europa donde se imponía la pintura abstracta se explicó del modo más simple y cierto: ante un cuadro abstracto, por más complejo que sea, la mente buscará palabras para explicárselo y entenderlo. ¿La conclusión? La mente humana siempre necesitará palabras para comunicarse, aún cuando no las utilice. Y la internet es eso: palabras, imágenes (es decir, más palabras), lenguaje cibernético (que siempre necesitará utilizar la palabra para concretarse), etc… El cine y todas sus modalidades, la internet y todas esas otras posibilidades comunicativas que hemos visto surgir en estas tres últimas décadas son simplemente enriquecimientos del ámbito de la palabra. Toda esa revolución técnica afecta al continente de la palabra, es decir, a la forma en que volcamos esas palabras, pero no a lo que puedo llamar “el poder eterno de la palabra”.

Fuera del juego
ninguna literatura derriba gobiernos, pero como bien dices, subvierte la mente.
R.M.: Parto del criterio de que toda escritura es subversiva pero ¿podría ahondar en este concepto y en la relación de escritura y poder bajo regímenes totalitarios?
A.V.: Es algo probado, históricamente: ninguna literatura derriba gobiernos, pero como bien dices, subvierte la mente. Ese es el real poder de la literatura. Y los que detentan el poder, sea el sistema que sea, se cuidan mucho de ese poder porque saben que es como una corriente de rebeldía subterránea que, como toda rebeldía individual, algún día puede estallar si se deja correr. Yo lo he vivido con mi literatura: mientras escribí en Cuba cuentos y obras que no criticaban o criticaban lo que estaba permitido criticar, se me consideró (voy a citar palabras de altos funcionarios cuyos nombres no merecen ser mencionados) “un gran valor de las letras cubanas” o “un escritor maduro, talentoso, prolífico”, pero cuando decidí contar la historia que yo veía en la cotidianidad marginal del barrio Centro Habana, donde viví hasta que salí de Cuba, y publiqué en otros países (porque en Cuba no quisieron publicarla a pesar de mis intentos) las novelas que forman la serie El descenso a los infiernos sobre casos reales de droga, prostitución infantil, intolerancia hacia la homosexualidad, tráfico de personas y de influencias… entonces me convertí en (y cito otra vez las palabras de los mismos funcionarios) “un escritor realmente menor que ha vendido su pluma al oro imperialista” o “un escritor mediocre a quien premian por escribir contra su patria”.

Sin lengua
como pez en el agua.
R.M.: Al llegar a Alemania donde el español no es la lengua principal: ¿cómo enfrentó el hecho de haberse quedado “sin lengua”?
A.V.: Al contrario, descubrí una nueva lengua y hoy mi lengua madre es más rica, más amplia, más específica para muchas cosas. Ya conocía el inglés y eso fue un descubrimiento, pero con el alemán me ha sucedido algo apasionante. Debo decir, si quiero ser honesto, que descubrí por qué razón la filosofía fue tan grande en Alemania: el alemán es una de las lenguas más ricas del mundo y eso me ha hecho regresar al español buscando esas otras muchas significaciones que, también, el español tiene y que no notamos muchas veces. Si a eso le sumas que en Alemania he publicado siete de mis novelas, podrás entender que aquí me siento como pez en el agua.

Enriquecimiento. Eso ha sido para mí el exilio.
R.M.: ¿Cómo define el “exilio” un escritor, es decir, una persona acostumbrada a vivir diferentes exilios e inxilios, incluso, en su propia tierra?
A.V.: Enriquecimiento. Eso ha sido para mí el exilio. He tenido la posibilidad de viajar sin trabas adonde quiera que me han invitado, conocer muchos países que ni imaginé visitar, enfrentarme a otras culturas, codearme con intelectuales y personas de a pie de muchos sitios del mundo. Y, ¿por qué no?, vivir en carne propia las dolorosas circunstancias de muchos cubanos que hoy están en el exilio. En mi caso, te recuerdo que yo no me exilié… yo fui desterrado; aprovecharon uno de mis viajes a Europa (justamente para presentar una de las novelas censuradas en Cuba) y decidieron que era mejor que mi mal ejemplo de independencia intelectual estuviera lejos de los cientos de jóvenes escritores cubanos que acudían a mí para pedir mi guía y consejo literario, incluso, en momentos en que, como bien dices, vivía inxiliado en Cuba. No me dejaron regresar. Estuve más de un año exigiendo regresar y hasta hoy no ha habido respuesta. Y así, con toda esa dura experiencia de desterrado (bien distinta en muchas cosas a la experiencia del que decide irse de la isla), también me he visto crecer como ser humano, como escritor y como intelectual.

Hay que derribar ese muro que han alzado entre nosotros.
R.M.: ¿Qué cree de la literatura escrita “en el adentro” y “el afuera” de la isla?
A.V.: Es un invento de quienes quieren dividirnos: la literatura cubana es una sola. Martí no es menos cubano porque la mayor parte de su obra se escribió en el exilio. Lo mismo sucede con Cabrera Infante, o con Carpentier, o con un largo listado. He dicho muchas veces que, por ejemplo, nadie divide la literatura en lenguas nativas escrita en la India o en Inglaterra: es una sola literatura. Se pueden poner muchos ejemplos por el estilo. Esas divisiones sólo se aplican en aquellos países que, ¿casualidad?, tienen un credo socialista. Hace un par de meses escuché a un gran escritor venezolano hablar de que el gobierno chavista ha dividido las letras venezolanas también en un “adentro” y un “afuera”. Y lo mismo escuché en un Festival Internacional de Literatura de Berlín cuando varios escritores chinos, residentes en Estados Unidos, Inglaterra y Alemania, hablaban de esos “adentros” y “afueras”. Hay que derribar ese muro que han alzado entre nosotros.
Lamentablemente, allá en la isla y acá en el exilio, hay muchos escritores con resentimientos, odios, heridas, y tienen razón pues todo eso ha tenido bases reales, situaciones muy duras, pero mientras no echemos a un lado esas heridas y esos odios (que yo, por cierto, también cargo) estaremos cediendo espacio a quienes nos han dividido y se gozan de nuestra división.

ya no es necesario (como sí fue décadas anteriores) seguir gravitando como satélites de la metrópoli (España, Portugal) para alcanzar la notoriedad intelectual.
R.M.: ¿Cuáles son los síntomas y gestiones de la literatura hispanoamericana (y cubana, claro) en el Siglo XXI? ¿Cuáles para la literatura latina in USA?
A.V.: No me atrevo a decírtelo ahora porque es algo muy amplio y porque desconozco, por ejemplo, la mayoría de la “literatura latina” en Estados Unidos. Pudiera hablarte de uno sólo de esos síntomas, algo que he notado en mis numerosos contactos con escritores latinoamericanos y españoles de la actualidad: hay en la mayoría de estas obras una profunda reflexión crítica sobre la sociedad latinoamericana y la supuesta modernidad que habitamos. Y, también, existe un consenso de que ya no es necesario (como sí fue décadas anteriores) seguir gravitando como satélites de la metrópoli (España, Portugal) para alcanzar la notoriedad intelectual.

Antes de terminar
literatura que apela a la sexualidad y a sus mecanismos como instrumentos de la racionalidad humana.
R.M.: Una definición para el concepto literatura erótica…
A.V.: Es aquella literatura que apela a la sexualidad y a sus mecanismos como instrumentos de la racionalidad humana (aquí queda descartado lo pornográfico porque el porno es más animal que racional) para trasmitir una reflexión sobre cuanto nos hemos alejado (o cuánto nos falta alejarnos) de ese animal que biológicamente somos y que, como animal al fin y al cabo, copula sólo por instinto.

¿Estaremos solos en el Universo?

R.M.: ¿Una pregunta que siempre le haya martillado…? ¿Una posible respuesta para la misma?
A.V.: ¿Estaremos solos en el Universo? ¿La posible respuesta?: No lo creo, Dios es demasiado perfecto para haber hecho solamente a unos seres tan imperfectos y biológicamente aburridos como nosotros.

Amir Valle (Cuba, 1967). Escritor, Ensayista, Crítico Literario y Periodista. Ha obtenido importantes premios literarios en la Isla y en países como Colombia, República Dominicana, Alemania y España en los géneros de ensayo, cuento y novela. Ha publicado más de una veintena de títulos de cuento, novela, ensayo y testimonio. Saltó al reconocimiento internacional por el éxito en España de su serie de novela negra El descenso a los infiernos, sobre la vida actual en Centro Habana, integrada por Las puertas de la noche (España, 2001; Puerto Rico, 2002 y Alemania, 2005), Si Cristo te desnuda (Cuba, 2001; España, 2002 y Alemania, 2006), Entre el miedo y las sombras (España, 2003 y Alemania, 2007), Santuario de sombras (España, 2006 y Alemania, 2008) y Largas noches con Flavia (España, 2008). Su novela Las palabras y los muertos obtuvo el Premio Internacional de Novela Mario Vargas Llosa 2006. Su libro Jineteras obtuvo el Premio Internacional Rodolfo Walsh 2007, a la mejor obra de no ficción publicada en lengua española durante el 2006. Santuario de sombras se alzó con el premio NOVELPOL de los lectores españoles a la mejor novela negra publicada en el 2006 en España y en el 2008 obtuvo el Premio Internacional de Novela Negra Ciudad de Carmona, de España, con su obra Largas noches con Flavia. Su obra narrativa ha sido elogiada, entre otros, por escritores como Augusto Roa Bastos, Manuel Vázquez Montalbán y Mario Vargas Llosa. Acaba de publicar una historia novelada sobre la capital cubana: La Habana. Puerta de las Américas (alMED Ediciones, España, 2009).

Encuestas/Entrevistas © Rita Martin


Presentación de Amir Valle de Antonio Alvarez Gil:
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Razones de un escritor:

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1 comment:

Félix Luis Viera said...

"Nada que tenga motor", necesitarían que les salieran alas, digo yo. Atención, yo conozco esos lugares que refiere el autor, así que para mi es hasta más triste el asunto.
Artículos como este deben propagarse lo más posible porque son informaciones del detalle que casi nadie conoce y que debieran saber los comunistas castristas que andan por aca y ahora le van a celebrar el cumpleaños al viejito loco que tambien fue un jovencito loco porque loco y malo ha sido siempre.

Es raro o escaso mejor dicho encontrar una entrevista en la cual las preguntas sean inteligentes, sin marañas de pensamientos, si erudiciones. Cuando, como en este caso, ocurre lo raro, sin dudas que el entrevistado puede proyectarse mejor y con más raigambre. Esta es una excelente entrevista, tanto por las preguntas como por las respuestas. De este modo Amir puede enfocar muy bien no sólo el asunto Literario, también el humano, el político, el social, el histórico.
Quedo muy agradecido:

Félix Luis Viera

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