1.26.2011

RICARDO RIVERÓN ROJAS: TRES POEMAS

Del poemario inédito
ES LA VIDA, QUE VUELVE

LOS PÁJAROS SON MÁS CHIQUITOS, Y VAN AL RÍO
La sed parece una invención del agua.
En pos de reinventarnos la memoria,
agoniza la palabra «fin», y alguien sentencia:
—El tiempo no se gasta: vuelve.
En el lago la luna, holograma del sol,
desmenuzada se refracta y, finalmente,
la asumimos: engendro de la sed.
Tu frase portaba trascendencia, madre.
Pero yo lo ignoraba.
Los pájaros volaban hacia el río
en busca de saciar la sequedad del alma,
mas yo me solazaba con ensoñaciones.
Ahora me diluyo en tu bondad,
pero no sé volar. Y el río queda lejos.
—Devuélveme, memoria, la imagen de mi madre
(azul bajo la noche o blanca frente al día)
con todo lo que hizo, en vano,
por calmarme la sed
hasta que el río fluyera por mi sangre,
como la luna rota.


SUPOSICIÓN
Quisiera pensar que todos se inclinan sobre la acequia
buscando la imagen que estamparon al saciar la vieja sed,
quizás no tan urgente, pero sí más profunda.


DISQUISICIONES EN TORNO A MI ALMA
Tuve un alma y no era esta,
ni aun se parecía a mis fantasmas:
un alma para aliarme a lo imposible,
aunque siempre a la zaga del más listo.
Andábamos —mi alma y yo—
en relecturas de las tardes:
la luz tras un color que no fue solo
permanencia de la furia solar, sino también
escándalo espumoso en el crepúsculo.
Tuve un alma, y no en la magnitud correcta,
pues nutría de eufemismos su persona:
espejo de lo ido, templo del Señor…
Un alma es mucho más que la tontera con que arriamos
la mañana hacia la noche, el pasado hacia lo actual,
los ojos hasta ver qué magia se nos fuga
adonde nunca buscaremos
con tanta densidad de incertidumbres.
Me estudio, de arriba a todas partes. Y tiemblo
cuando el águila dibuja caligramas sobre el azul de fondo.
Mi alma se expresa en cualquier sitio siempre que la certeza
de correr a contrapelo de los ríos no la exonere,
por la destrucción de lo aprendido no sé con quién,
ni desde cuándo.
Las culpas de mi alma serían:
acomodarse como un alba existencial, sobre un colchón
de hojas maceradas por la sed de otros árboles;
coexistir con mi persona en el común anhelo
de no complementarnos, y vagar como si nada tuviera
gravedad suficiente para domesticar sus corduras.
Replegada en tales inconsecuencias
mi alma vive condenada por sí misma.
Y deberá pagar por lo que le usurpamos a la melancolía
sin exigir tolerancia por los sordos desconchados en la historia.
También le tocará sentir en carne propia cualquier desolación
y lanzarse al vacío desde el alto horizonte para purificar
las mínimas certezas que nutren su delirio.


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RICARDO RIVERON ROJAS. (Villa Clara, Cuba, 1949). Poeta, editor y promotor cultural. De diez de sus poemarios publicados, seis son de décimas. Entre sus publicaciones recientes sobresalen Bajo una luz que no existe (Décimas. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2005); El ungüento de la Magdalena (Testimonio. Ediciones La Memoria, La Habana, 2008); Días como hoy (Poesía. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2008); Irrelevancia crónica (Crónica. Editorial Capiro, Santa Clara, Cuba, 2010). Ha recibido los siguientes premios: Premio26 de Julio en Décima (1986); Premio UNEAC de Testimonio “Pablo de la Torriente Brau” (2001) y Premio Memoria, en testimonio, del Centro “Pablo de la Torriente Brau” (2007). De próxima publicación No me quieras matar, corazón, por Ediciones Unión.

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