3.26.2012

FELIX LUIS VIERA: CARMEN KARIN ALDREY, MIAMI


Cortesía de Cuba Encuentro

“Viví las becas militarizadas y las expulsiones por ‘conducta impropia’, los juicios populares, la prisión domiciliaria, las recogidas de ‘desafectos’ en las calles habaneras…” 
Carmen Karin Aldrey, artista de la plástica, escritora, poeta, promotora cultural y fotógrafa, nació en el central azucarero Preston, Holguín, Cuba, en 1950. Es fundadora, directora y diseñadora de la revista cultural La Peregrina MagazineEstudió Pintura con el maestro ecuatoriano Antonio Jurado en la galería Maja Design en la ciudad de Los Ángeles, California, donde también se graduó de College en la especialidad de Turismo. Sus pinturas han sido expuestas en galerías de Estados Unidos y España, entre las que se destacan Department of Cultural Affairs of Los Angeles Gallery, Martin Lauren Galleries, San Francisco, Eagle Rock Community Cultural Center Gallery, Eagle Rock, CVS Productions Gallery, Burbank, The City of Huntington Park Civic Theatre Hall, Huntington Park, Hawthorne Memorial Park Community Center Gallery, Hawthorne, Maja Design Gallery, Echo Park, G & L Community Center Gallery, Hollywood, La Casa Azul, Texas, Galeria Akelarre, La Galería de San Pedro de Alcántara, Galeria Piranesi y Gauguin Gallery de Marbella, G & S Gallery, Galería Obimi y Zu Galeróa de Miami, entre otras.
Carmen Karin Aldrey ha publicado el poemario Aceite (Linden Lane Press, 2011) con 19 ilustraciones a color de su obra plástica, y poesía, narrativa y trabajos periodísticos en diferentes espacios impresos y electrónicos. Ha participado en festivales, eventos artísticos, “silent auctions”, ferias de arte y exhibiciones privadas desde el año 1986. Ha donado parte de su obra para la recaudación de fondos en beneficio de los niños de la calle, deshabilitados, mujeres y familias afectadas por la violencia doméstica, proyectos culturales, la lucha contra el cáncer y el sida.
¿Por qué decidió vivir fuera de su país?
Carmen Karin Aldrey (CKA): Imagino que por la misma razón que ha tenido la mayoría de los emigrados cubanos: renunciar a vivir en una sociedad sin libertades donde no es posible desarrollarse. Pertenezco a esa “generación perdida” de la década de 1960 que sin una ideología determinada fue irreverente, opositora por naturaleza, quizás porque vivimos la transición de regímenes y el rompimiento de valores creó, entre otras cosas, el rechazo visceral a disciplinas dictatoriales impuestas por las nuevas corrientes. Viví las becas militarizadas y las expulsiones por conducta impropia, los juicios populares, la prisión domiciliaria, las recogidas de “desafectos” en las calles habaneras, los interrogatorios en el Departamento Técnico de Investigaciones (DTI), las firmas mensuales en las seccionales de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), la persecución de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y sus consabidas reuniones obligatorias a las que nunca asistía, el sentir en carne propia la ausencia de un padre que cumplía años en las mazmorras de Puerto Boniato por motivos políticos, los registros domiciliarios, las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), El Morro de La Habana, adonde visitaba a un gran amigo allí preso porque se negó a ir al Servicio Militar, una experiencia horrible… esa angustia por los amigos que eran condenados y enviados a los campos de trabajo. Los cantos de las sirenas nunca fueron de mi agrado, y lo supe desde el mismo primero de enero de 1959, a los nueve años de edad.
¿De qué manera salió de Cuba?
CKA: Salí hace más de tres décadas vía España, ayudada por mi padre que cuando eso vivía en California. A través de un amigo suyo del clero se me consiguió la visa en la embajada española. Estuve casi un año en Madrid esperando por la aprobación del permiso de entrada a Estados Unidos, luego pasé un tiempo con mis tíos en Filadelfia y después viajé a Los Ángeles en donde me esperaba mi familia. La saga clásica del formalismo burocrático migratorio que ha hecho que los cubanos seamos expertos conocedores de casi todos los caminos del mundo.
¿Le ha resultado muy difícil adaptarse al sitio en donde reside hoy?
CKA: Al principio no fue nada fácil, cuando salí dejaba atrás a mi madre, mis hermanos, mis amigos, luego con el tiempo fui superando el martirio de la distancia y las renuncias, incorporándome a los nuevos retos de la vida a los que necesariamente me tenía que enfrentar. Hoy por hoy puedo decir que me siento muy a gusto viviendo en Estados Unidos, país que me acogió incondicionalmente y me brindó todas las oportunidades para mi desarrollo profesional.
¿Cuál ha sido su trayectoria artística en su actual lugar de residencia? ¿Qué logros ha obtenido?
CKA: Gracias a Dios he podido realizar la mayor parte de los proyectos que me he propuesto y sigo en ello, soy una persona de trabajo creativo cotidiano, dirijo La Peregrina Magazine, revista electrónica que tenemos en agenda editar en papel, pinto y escribo. Con relación a mi labor como artista me siento bastante satisfecha, he exhibido mi trabajo en España y Estados Unidos y mi obra ha sido bien recibida por el público y los coleccionistas de arte. A nivel literario siento que existe un mundo por delante, tengo varios proyectos en camino. Recientemente mi poemario Aceite fue publicado por Linden Lane Press, la editorial que dirige la escritora cubana Belkis Cuza Malé; me siento muy contenta con este logro porque además la edición del libro es hermosa y refleja una etapa de mi trabajo poético y pictórico. También he terminado mi poemario Guestbook, que será publicado en las próximas semanas.
¿Qué opina de la sociedad de la que ahora forma parte?
CKA: La sociedad norteamericana a diferencia de otras es más abierta a la hora de apoyar a los ciudadanos en sus aspiraciones profesionales, incluso bajo las adversas circunstancias actuales donde la problemática económica es tan complicada, aunque pienso que en general todas las sociedades tienen sus propuestas benefactoras y también sus conflictos, recordemos que somos nosotros, los seres humanos, quienes las construimos. Ojalá llegara el día en que solo existiera una sociedad, la de la Humanidad, donde las diferencias abismales dejaran de existir y se abrieran los brazos a la paz para así acoger la reconstrucción de nuestros hábitats, restaurar la salud del planeta y poder ofrecer a las generaciones venideras un mundo más justo y orgánico.
¿Alguna otra observación para los lectores de Cubaencuentro?
CKA: Solo un mensaje personal: trabajar por las cosas en las que creemos con perseverancia y transparencia, y ver en las obras positivas de los demás lo que realmente son, aportes al crecimiento humanístico.

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