12.31.2014

RITA MARTIN: LOS HUESOS VAN PALPÁNDOTE, VARIACIONES DE UN HAZ Y TIEMPO SOBRE EL MAR

Para los amigos que me han pedido leer 
algunos de aquellos poemas extensos de los 1980s, 
van tres del poemario Un cuerpo en el vórtice.


LOS HUESOS VAN PALPÁNDOTE
en el vago interior inaudibles soledades,
tres madrugadas se suceden,
paralizada piensas en el parque:
sitio de amortiguar el nervio.

Era la noche quien miraba
                  el rostro de una risa endecha.
Era el concierto. Era.
En los dedos sobrevolaron las criaturas el resplandor.
El mar, la mar, tornábase, trocábase materia, tu materia
como es el árbol de la tierra.

La triste doncella reía.

         Iba a ser conquistadora.   En otros continentes
de tan grata cena.   La niña tejía juvenil sus paredes.       Reina.
Hoy es madera tallada con ojos distantes.
Su madeja regresó conquistada,
es una nube a punto de romper.
Aterida recorre la ciudad
         Nadie la espera.
         Él vive a cuatro pasos
Y sobre el cuerpo vestido de la belleza inmóvil
sólo el aliento tragándola jadea.

VARIACIONES DE UN HAZ

I

No música vaga, no hables del hielo.
La palabra no es un eco lejano
y la caricia temblando rueda:
Es un ave que al sueño persigue:
deshoja la flor: mariposa.
Sobre las ondas se agiganta el tierno
en el patio se quema la nave:
las cartas, esperadas, llegan.
Escucha:
Es el canto alado que recurva
recoge la lágrima
y se inclina.
Existe su huella
cierta palpita, dibuja y canta
la breve unidad primera por siempre.

II
¿Recuerdas?
Esperábamos  un signo:
El día se desmoronaba.
En el silencio: mi propio llanto.
En el silencio: tus ojos.
En el silencio: nuestro silencio.

Quién sabe cuándo nos dormimos, así, unidos.
Quién puede decir cuándo despertamos rozando nuestros labios
y fue maravilloso
por los cuerpos trepaba la noche
         y, tenazmente, llovía.

III

Qué puede ser un poema sin nombre
sino aquello que al viento se proclama:
una estrecha luz penetra niña:
pliega alas
deposita el breve pico:
Plena alba media noche.
Sonríe el misterio un afán
Queda lo oscuro:
Tras el murmullo el cristal tornasola la fuga:
Sólo pide y graba
silencio y lanza
su gotear de olores
tan fundidos, tan otros,
definitivos, sin conciencia: eternidad del instante

o

Quién sabe si un poema sin nombre
sean estos dos cuerpos que amanecen
imagen de otra imagen y convocan
de las almas unitaria semejanza.
Evocación justa de la espera: coincidencia.

IV

Espacio de este aire lleva el frío.
Arena contra el mar fatiga arena:
el sol no se niega a salir:
el agua silenciosa se diluye
en suavísimos compases:
Vivaldi urge.
El silencio del acorde es el momento.
Se mueven por la playa los jóvenes
y el caracol se esconde.
Cierro los ojos:
con calma sale del horizonte tu perfil
sacude el polvo
renace el cuerpo de cada músculo:
Delicadamente delineado  Soberbiamente delineado.
Las extremidades indican que te afianzas
mientras, con violencia, tomas mi garganta
(fuegos que me arrancas hasta el cielo)
Y es la hora de mi vida que llega
(boca tras la boca del sueño)
Desnudos entre mar y tierra
El sollozo abrevia
Luz de las noches y los días: compañía.

V

Este es el poema sin nombre
con un solo invocando.
Este es el hallazgo del oro:
atardece entre ondas muy fuertes.
Estos son los cuerpos agitados
estos son, de nuevo, en el comienzo.
Todo puede ser si no se duerme
Todo es por estos dos amates
Todo será para que no acabe.
(¿Cómo dar fin a nuestro rayo?)

Anochece el día:
trino más fino que este clamor no es posible
y, suavemente, se alivia adentro:
es el vacío necesario, es el sentido
dulcísimo sabor que un olor supone:
apartados del mundo, sin saberlo.

TIEMPO SOBRE EL MAR

Que sea aún, que sea
bendecida la sangre de los versos.
El tiempo ya nos falta y abandera
La triste risa, dulce el eco.
¿Qué vamos a decir,
que somos un perfil de la cumbre en equilibrio
o puro sentimiento hacia la nada
donde clama, entero, este futuro?
¿Somos el canto más cortado,
dura la montaña, alta la casa,
persiguiendo la increada fecha?
El tiempo se detiene: ansía unir su voluntad
al aliento tejido que cruje
por las venas.
Insaciable figuraba oscuro todo,
oscuro se iluminaba
al tacto.
Profecía de levantarme azul
cuando el día
sabe a pan
en cada boca,
espacio conjurado
depositado así
naciendo
abierto a resonancias:
                  ¿Cómo era, Dios mío, cómo era,
                  ahora que la luz recuerda una ventana
                  y graba su imagen por mi frente?
                  ¿Cómo era, Dios mío, cómo era?
                  Pupilas de mis manos rezando
                  la entrega de mi oro.
                  ¿Cómo era, Dios mío, cómo era?
                  Certeza de mi andar,
nupcial instante de mi cuerpo,
unido a la dulzura ¿cómo era?
Se detiene el papel
y el duende pasa.
Cazador,
sueña,
di:
he hallado el fondo que desnuda la belleza.

Y como quien sabe
perderá la memoria en tiernos lirios
el ídolo se alza y se derrumba.
Un signo, apenas una
voz.
La ausencia es el enigma,
de ella quedo.
Infinitud grabando.    Soy aquella tantas veces
sin llegar
a la bóveda del cielo.
Circunstancia de ser y no ser el sueño repartido
que interroga
y adquiere la forma de los ojos.
En la leyenda:
el tiempo vaciado de sustancia.
Sobre el mar el eco, la estación,
pensando solamente,
pensando que está lejos
pensando solamente
y todo es eso.


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