7.21.2011

RITA MARTIN: ALAS VIERTE CORAZÓN

Da Vinci: La Scapigliata

Lamentable es el estado sumido en las penas del alejamiento
y nadie sabe nada del estado de mi tormento.
Gazel de Leylá

Detrás de aquella puerta hay un candado
tras el candado no hay nadie.
Ahí, en ese patio que enclava la matutina fuente
sé que no existe la presencia, lo que habitaba
como sonrisa tan cercana, no hay nadie:
El día se va haciendo de un acto
si no se hubiera entregado la sustancia a otras manos
el viento resucitaría.
La prisión del primer hielo en la espera
quería el dominio, dormido peregrino,
la endecha sumerge, corta, precipita el mar
y en rayo no cesa la sangre.
Cárcel guarda esperanzas en que alimenta
breves plantas, el amuleto que no quiere, no quiere
lo reconozcan como la forma eterna, duración
Él desea, sí, él lo desea, rompan sus estrellas
en el fugaz ardor de un encuentro, palpar lo que había sido
para reconocerse en quien colgó al cuello el destino,
en tiempo lejano, en tiempo de amor por el hombre
permitió ciñeran su boca.
Sumidos en tropel callado, en vetusta gracia
hoy desandan: hay temores.
No fue porque cortaran las raíces de un tajo
negaran el aliento en la poderosa guardia
negación del sitio en las venas, ya vedado
resígnate, consuélate: estos son meros verbos
en el principio fue el Verbo pero el Verbo no es Dios
y pues no existe él tampoco ¿dónde dejar la pena acumulada?
¿Es acaso clamar a la mente la memoria y el olvido?
y el olvido es la noción del que nunca recuerda
se resume en su propia palabra
al constatar que no se encuentra la añoranza.
Él pide perdón y cruel pregunta ¿qué es, yo no lo recuerdo?
y la sangre de la sangre, esqueleto, no responde.
Habría que expresar: yo soy usted, yo soy lo que usted decía,
yo soy lo que regresa, no he partido.
Gana la malvada insinuación
en el nuevo sendero se ven las huellas
no puede ser que usted sea, usted no es, no se engañe,
usted no ha sido nunca, el cuerpo le ha cambiado, ha mutado.
Mas la voz es idéntica
y creer en esta es la frágil consumación de cualquier alma,
el alma tampoco es verdad, ya nada es cierto.
Todo fin se halla en lo exterior, esa es la belleza,
como si este propósito fuera el único camino para llegar
como si se formase en las brumas la noche: develar el secreto,
mas hay cuerpos dulces en los que la voz nunca ha sido
y cuerpos amargos en los que la voz toma posesión.
La correspondencia no es el lugar de tanta ala
es la contradicción entre lágrimas y el desatino de la risa
ni el llanto ni la alegría saben de sus orígenes, ambos hablan
de la esperanza y una montaña canta: basta con el ansia.
No siempre se conoce todo
cada cribar es el mismo y otro que ya no era
un beso queda sin lo prometido:
ya no se cumple en la región lo sagrado.
La suave indiferencia se torna cómplice
en una soledad de inmaterializada meditación
es así como al ardor de mayo y al doloroso marzo
se escucha:
Existe un palco:
sentados, un hombre y una mujer deshojan,
no se permite el exigir, al amor no se le exige:
se le participa más allá de todo lance:
se le roza la felicidad cuando al Absoluto se entra
cada medida es una ración de pasiones
la melodía engendra:
pero el valiente no recibe ya
la savia engendra
pero el valiente no acepta ya
la esperanza engendra
pero al valiente poco le interesa ya
rompen cada pedazo de su ser:
siempre otros dedos desbaratan sueños
lo importante es saber reconstruirlos:
no caigan a la laguna: no hay en los hombres remembranzas,
ese será el milagro probablemente tarde
súbito, encuentra lo perdido
con miedo duerme y no se resuelve la totalidad de los inviernos
volver al círculo del que está muriendo
es escuchar en la música nostalgias
al saber del lugar no merecido.
Frase repetida, condenada, flotas desde lo extraño
y en el terceado vals duele hoy la despedida.
El adiós penetra en el agua sigilosa de este río
ha caído con su mueca el infeliz payaso
invocar a la risa es el suceso
de levantar el mar hasta la orilla,
definitivo, mortal, dulce reencuentro
y en la cesta de unas ropas está aquél día.
Ha venido, ha venido a escuchar los olores
a voltearse pez, a convertirse en uno.
Ha venido, ha venido del monte lejano
donde las algas remueven las tristezas.
Ha venido, ha venido entre canciones
y parece que es sordo todo intento, diga, ¿usted le oye?
                                   Parado en el portón, una luciérnaga y un manto
                                   y unas cuantas fogatas humedecen el pasto. Parado en
                                   el portón, una figura gesticula, en los aires que
                                   graba sobríe, nunca antes se ha visto su cabeza. Habla:
                                   incertidumbre. Idioma, viciado número de la gota.
                                   La cesta, es la cesta la blanca ropa que se atiende.
                                   Podrá lavarle si acaso, qué cuerpo bello, va desnudo.
Ha venido, ha venido libre de ataduras
de todo vestigio que a una suerte no incorpora.
Ha venido, ha venido con los únicos zapatos
a la luz del suelo, al saldo de los bosques.
Ha venido, ha venido sólo porque prometió
dormir para siempre en una siesta.
                                   Que el llanto del nombre perdone si puede al hombro
                                   que ante mí se levanta no desea saber: Transcurre
                                   mansa lo que era: ya no existe lo que iba a ser. Que
                                   perdone si puede. No se reconoce la fiesta de abril.
                                   Hace tiempo no se ven primaveras. Hace tiempo.
Y la promesa era el anillo en la mano.
Lo tendré hasta que deje de quererte.
Y la promesa era la unión de quien posee con un poco de cariño
y el anillo ¿dónde está? ¿dónde el anillo?
No es la causa el encierro
es lo poco que duró la libertad.
No es origen de este tiempo la locura
y va pagando ingenuamente la culpa sin pecados
de todo, el que ama, es el culpable,
no es motivo de vida tal anhelo,
es forzar, es en la vocación de lo que será
el no ver, y se piensa que en algún instante
recuperará lo que ha, ya para siempre, abandonado
aunque lo desee no podrá aceptar
y si perdona, es la única vía de no inclinarse:
la costumbre eleva lo humano a la cordura
no habitúes el cráneo, no lo acuestes.
Y yo vine. Yo lo juré.
¿Quién puede decirme si es verdad que yo tuve un amor?
Yo nunca poseí, yo nunca supe
y el pensamiento es aire, y estas mis palabras
sólo pueden ser imagen, fantasía, papel que se repleta.
Y es la ausencia
desierta, recién descubierta
que riega la pradera.
Del poemario Un cuerpo en el vórtice.

2 comments:

Carlos Pintado said...

Lindo encontrarme con este poema que recuerdo muy bien (tú lo sabes, Rita). Gracias por sacar -del peligroso sitio del pasado- poemas como éste que nos salvarán del presente y del futuro. Un beso.
Carlos Pintado

Rita Martin said...

Gracias, Poeta. Lindo saberte por estas praderas.

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