9.23.2012

SINDO PACHECO: JOSÉ LORENZO FUENTES O EL MISTERIO COMO LEITMOTIV


Palabras de presentación a El cementerio de las botellas 
de José Lorenzo Fuentes. 
Viernes 21 de septiembre del 2012. 
CubaOcho, Miami, Fl

Estaba en un evento de jóvenes narradores en La Habana, a finales de los ochentas, cuando en compañía de Jorge Luis Arzola, llegué al Palacio del Segundo Cabo y allí me encontré a mi amiga, la poetiza Cora Ramírez, que trabajaba entonces en la editorial Letras Cubanas. No recuerdo en qué momento de nuestra conversación salió el nombre de José Lorenzo, asociado con su libro de cuentos Después de la gaviota, que tanto Arzola —excelente narrador, hoy residente en Alemania— como yo, habíamos leído y por el cual sentíamos una profunda admiración. Para sorpresa nuestra, Cora nos dijo que José Lorenzo era tío suyo y que podía conducirnos a su casa, muy cercana a la de ella, en El Vedado. Le dijimos que hablara primero con su tío a ver si nos podía recibir; pero ella nos aseguró que ya estaba decidido, que pasáramos por su casa (anotó en un papel su dirección), que esa noche nos llevaría ante el escritor, al cual le agradaba mucho conversar con jóvenes autores.
Así lo hicimos. Y por primera vez conocimos al hombre detrás del escritor, que resultó ser un conversador insaciable, idéntico a cada uno de sus narradores, con el misterio flotando en cada una de sus intervenciones. Vivía en un pequeño apartamento, acompañado por su esposa Lida, una anfitriona increíble que, entre tazas de café y copas de vino, no nos dejaba marchar cada vez que el reloj emitía sus urgencias. Entre anécdotas, cuentos, relatos de la vida, y de la literatura sentimos las primeras guaguas del amanecer ronroneando su presencia por las calles habaneras.
Casi treinta años después, un José Lorenzo Fuentes, con la misma energía de entonces, sigue escribiendo y publicando en Miami; y hoy, siento el honor de estar entre los presentadores de El cementerio de las botellas, un libro compuesto por la novela que le da título y por seis relatos de exquisita factura.
Si voy a mencionar algún elemento que unifica los textos que componen este libro, diría que es el misterio quien los marca. No importa los temas que aborden cada uno de ellos, si son fabulosos o fantásticos, hay siempre un enigma, un entresijo flotando en el hilvanar de las palabras, como ocurre también con casi toda su obra anterior: el misterio como forma de lo inesperado o de lo predestinado, el misterio como reflejo de la vida misma. ¿Y acaso no es la vida, o lo vivo, el misterio más insondable para el hombre…?
Otra cosa en común es que el lector no abandonará las lecturas hasta el final, cosa un poco olvidada en estos tiempos digitales. Veamos un fragmento de prosa sabrosa y exquisita:
Si usted se acerca al lugar con el ánimo de fisgonear puede darse cuenta que la parte delantera de la casa, que años atrás sirvió de portal, la ocupa, ahora, la fragua, y si aún le queda curiosidad para seguir mirando, se percatará muy pronto que al final de un largo pasillo casi en penumbras, contigua al traspatio, hay una habitación con una mesa de luz y una cama que el herrero utiliza solo para dormir, pues es de sobra conocido que Vulcano, así se llama este hombre, no tiene mujer.
O este otro:
Ambrosio Cernuda tenía cierto talento no disimulado para escribir guiones de cine, a partir de las historias que, de noche, durante prolongados insomnios, trepaban hasta su imaginación.
José Lorenzo Fuentes sabe lo que quiere y cómo lograrlo. Envuelve al lector con varias oraciones seductoras, con el misterio como ente seductor,  y luego, tomándolo del cuello, lo sumerge en la lectura hasta que, finalmente, lo deposita al otro lado del punto final, pero metido en otra metáfora que ha escapado del relato hasta la imaginación de quien lo lee.
No siempre uno dispone de la posibilidad de acceder a un libro como este. Libro alimento que ensanchará dulcemente nuestra imaginación, hacia la zona misteriosa del saber y del interrogar.
Ahora recordaba que en aquella conversación inicial con el autor allá en La Habana, me había dicho: No escribas cosas tristes que luego te pasan. Y dejó esa profecía misteriosa rondando mi cabeza. Todavía actualmente, cuando voy a abordar algún asunto escabroso, evoco aquella frase como si estuviera conjurando un maleficio. Tampoco he sabido si José Lorenzo es tío o no de Cora Ramírez (se sabe que uno tiene una familia natal, y otra que va haciendo en el camino); y ese misterio, como agradecimiento a mi amiga, también lo dejo en el terreno de lo misterioso.

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