8.19.2010

No hay invento mayor que la palabra dicha y escrita

Entre 15 y 20 (Rita Martín entrevista a Jorge Carrigan)

Jorge Carrigan acaba de publicar recientemente su novela Bailar con la más fea (de la que puede leerse un avance en este mismo blog y obtener picando en AtomPress).  Próximamente, le informaremos con mayor precisión sobre las fechas de las varias presentaciones que el escritor ofrecerá en lo queda de año. Pero desde ya podemos anunciar que del 16 al 19 de septiembre participará en la Feria del Libro Hispano en New York para el lanzamiento de Bailar con la más fea y el 21 ofrecerá una lectura, firma y venta en la NJCU (New Jersey City University). Durante los días del 1ro al 3 de octubre estará en la Feria Dominicana, también en New York. Entre los días 23 de octubre y 1ro de noviembre, en Miami, se estrenará su obra teatral EL HUECO EN LA PARED, en la sala de Havanafama (752 SW 10 Ave, Miami, Florida) y tendrá una lectura en Zu Galería (2248 SW 8 th St)
Hoy, los dejo con las respuesta de este agudo creador. Gracias.
Razones para la escritura
De géneros, nada. Los géneros en teatro se han mezclado y
vuelto a mezclar de tal manera que ya todos son mestizos.
R.M.: Usted es un dramaturgo esencial. ¿Cómo se da en Ud. uno y otro género?

J.C.: Cuando me siento a escribir tengo dos cosas en mente. La primera es confrontar algunas de mis ideas sobre un tema con los espectadores; y la segunda es conseguir que el público se divierta. Claro que la diversión se da comunicando emociones que no siempre tienen que ser risibles. En todo caso, lo que amo del teatro es esa complicidad que se crea con los actores y luego con el público. Es sentir cómo las ideas que fui codificando a la hora de concebir la obra van siendo decodificadas y dan lugar a ese encuentro de inteligencias.
Pero de géneros, nada. Los géneros en teatro se han mezclado y vuelto a mezclar de tal manera que ya todos son mestizos. Gracias a eso, he podido ser dramaturgo sin haber escrito nunca una obra que pueda clasificarse en un género puro. Confieso que ni siquiera lo he intentado. Por lo regular lo que hago es que durante el proceso de revisión voy viendo cuáles son los elementos técnicos de cada género que se ajustan al desarrollo de la historia y al final preciso si es una u otra cosa.
Los habitantes de mi país eran los sobrevivientes de un mundo
que se suponía que había dejado de existir con la caída del muro de Berlín.
R.M.: ¿Cuál fue el origen de Bailar con la más fea?

J.C.: Digamos que el origen fue un momento de soledad. Llevaba muy poco tiempo en Canadá y apenas tenía amigos. Internet amenazaba ya con convertirse en la más importante red de información de las hasta entonces conocidas. Desde aquí podía darme cuenta de que el mundo estaba girando hacía millones de años pero la información que recibíamos los que vivíamos en Cuba era limitadísima y fragmentadísima. Encontrarme con una visión tan amplia y plural de los acontecimientos, así de pronto, me producía la impresión de haber entrado a un cine después de que la película había empezado. Tenía muchas más preguntas y ninguna respuesta. Comencé a inquietarme. Los habitantes de mi país eran los sobrevivientes de un mundo que se suponía que había dejado de existir con la caída del muro de Berlín. Yo estaba viviendo, al fin, en el mundo y había numerosas y muy fundamentadas versiones del “problema cubano”. Me puse a indagar, pues, en cuál podría ser la sustancia de aquel problema y de ahí salió Bailar con la más fea.
¿La inspiración? Ya lo creo que existe.
R.M.: ¿Cómo describiría el proceso creativo en Ud.? ¿Se debe hablar de esa desprestigiada palabra que es la inspiración o de espiración? ¿Estar dotado es perderse como decía Jean Cocteau?

J.C.: Por lo regular el proceso creativo comienza para mí cuando se me ocurre una idea. Esto dicho así parece una verdad de Perogrullo, pero cuando digo una idea me refiero a un concepto, a un tema. De ahí comienzo a estructurar la historia que contaré y a partir de entonces me dejo llevar; pero nunca escribo una historia sin que esta me lleve a decir algo conceptual que he pensado de antemano.
En cuanto a la inspiración, ya lo creo que existe; porque inspiración significa un estado particular que adopta el espíritu de un individuo común y que le permite crear o reorganizar ideas a través de las cuales puede comunicarse con el espíritu de otra persona. Y quede claro que no me estoy refiriendo a algo sobrenatural o esotérico. Pero existe. Prueba de ello es que no siempre que uno se sienta a escribir lo consigue. A veces el mejor de los escritores no es capaz de escribir siquiera un párrafo que valga la pena.
La necesidad de escribir evoluciona en la medida
en que uno mismo va evolucionando.
R.M.: ¿Por qué se escribe? ¿Qué significa escribir?

J.C.: Cualquier respuesta sobre por qué se escribe puede ser una trampa, porque la necesidad de escribir evoluciona en la medida en que uno mismo va evolucionando. Al principio es un juego. Luego uno escribe porque quiere decir algunas cosas que nadie ha dicho; o porque uno piensa que puede decir mejor lo que ya se ha dicho; y supongo que uno termina deseando escribir algo que aun no ha dicho cuando le llega la hora final.
Lo que significa escribir, por supuesto, se relaciona con lo anterior. Escribir es comunicar, es dirigirse a los demás y contarles lo que uno piensa que sabe o lo que a uno le preocupa. Pero escribir no es todo. Yo siempre digo que quien escribe un poema y lo guarda no es un escritor. Para que se convierta en escritor tendría que sacarlo de la gaveta y mostrarlo. Es en esa voluntad de comunicar donde radica la esencia del oficio.
Soledad y multiplicidad
No me gusta enclaustrarme.
R.M.: ¿Solamente aislándose por completo se puede trabajar? ¿Cómo supera los malos momentos de bloqueo o página en blanco?

J.C.: En mi personalidad hay una dicotomía. Soy un hombre tranquilo, calmado, pero detesto el silencio absoluto y, sobre todo, la soledad. Más bien lo que es imprescindible para mí es que mientras escribo no tenga preocupaciones o tareas pendientes que me saquen de concentración, pero no me gusta enclaustrarme. Cuando lo he hecho me ha quedado la sensación de que mientras estuve aislado me perdí algo de lo que sucedía en el mundo.
Los momentos de bloqueo no los supero. Me horrorizo pensando que mi cerebro llegó al final de su actividad productiva. Por suerte, hasta ahora los bloqueos han pasado. En lo referente a la página en blanco para mí es muy diferente. Hace mucho tiempo encontré el antídoto para que nunca me ocurra. Anoto cualquier frase, mía o ajena, y luego trato de llevarla al tema sobre el cual escribiré. Introducir la frase aleatoria en el tema habitualmente me cuesta dos o tres párrafos, entonces borro la frase y ya habré comenzado. No sé cuántas de mis piezas de teatro han comenzado con frases como “el que a hierro mata a hierro muere” o “camarón que se duerme se lo lleva la corriente”.

Tengo la esperanza de participar de todos los seres humanos.
R.M.: Para Pessoa su ser “participaba de todos los hombres (…) una suma de no-yos sintetizada en un yo postizo. ¿Y para Ud.?

J.C.: Yo, como Pessoa, tengo la esperanza de participar de todos los seres humanos y en muchas ocasiones he manifestado mi preocupación por no conocer las razones de algunas personas, de manera que no siempre puedo comprenderlo todo, y a todos. Pero no creo que el ser humano sea tan maleable como para que uno pueda, incluso deseándolo, convertirse en una suma aritmética de los otros.
Creo que el escritor debe ser alguien que no quiera ni pueda ser como los demás. El que crea que ser escritor es un oficio como cualquier otro podría pensarlo, pero estoy persuadido de que en literatura lo que uno hace es tomar un hecho y tener la capacidad de convertirlo en algo auténtico, diferente. El resultado de cada obra literaria es como las huellas digitales; y las huellas digitales no pueden superponerse porque se produciría un borrón, una mancha ininteligible. Estaría totalmente de acuerdo si se hubiera referido a influencias, acumulación de experiencias, a que somos afectados por el contexto, por el medio social, por la política, pero hablar de un yo postizo es casi un insulto.
Oficio
Evitar: escribir por compromiso, por conveniencia
R.M.: ¿Qué es preciso evitar en literatura?

J.C.: Escribir por compromiso, escribir por conveniencia, ocultar las verdades, en fin, que hay muchas cosas que se deberían evitar, pero se puede resumir en una actitud. Cuando se escribe con honestidad, no hay que preocuparse porque se tenga que evitar algo. Toda idea expuesta con dignidad es respetable y cabe en la literatura, así que no me voy a meter con las ideologías. Escribir por dinero merecería párrafo aparte, pero sería un párrafo demasiado largo. Baste decir que no es un pecado ganar dinero con lo que se escribe. Lo es escribir sólo para ganar dinero.
Leer es la más importante de las acciones para alguien que escribe.
R.M.: Pensemos en estas acciones: escribir, destruir, corregir, editar… ¿Consejos para escritores de novela y teatro?

J.C.: Leer. Creo que leer es la más importante de las acciones para alguien que escribe. De manera que mi consejo es “Leer”, todos los días; “Destruir”, cada vez que sea necesario; “Corregir”, siempre y siendo implacable con los vicios literarios y los caprichos personales; y “Editar”, si con eso la obra gana en coherencia y no para enrarecer lo que se ha escrito y hacerlo supuestamente más interesante.
Identificaciones de la literatura
La filosofía va siempre en contra de la imaginación.
R.M.: ¿Qué coordenadas encuentra entre sueño, filosofía y escritura?

J.C.: Entre el sueño y la escritura hay un vínculo ineludible. Ambos están llenos de símbolos y ficciones que se relacionan con la vida y la hacen más poética, toda vez que amalgaman las experiencias, las fantasías y las necesidades, además de los miedos y las limitaciones. Luego, la literatura y los sueños serán fiestas, a veces orgías, de la imaginación. La filosofía y, sobre todo, los filósofos son los aguafiestas. La filosofía va siempre en contra de la imaginación; se empeña en anular la fantasía; invalida las ilusiones, asesina los mitos… Y no le ha dado a la humanidad ni una solución. No hay dilema filosófico que se haya resuelto sin crear otro.
El trabajo creativo violenta el funcionamiento del cerebro, lo sobreexcita.
R.M.: ¿Es la escritura una salvación ante la neurosis y la locura?

J.C.: Yo creo profundamente en la lucidez como el estado mental idóneo para decir las verdades que queremos o para tomar un grupo de verdades y crear con ellas una mentira que las resuma; que es lo que hacemos todos los que nos dedicamos a la literatura. La neurosis es un estado mental en el cual el individuo rompe con las normas, pero lo atormenta su propia incapacidad para reconstruirse una realidad. Además, esto es algo involuntario. El escritor mira, huele, toca, percibe y devuelve al lector sus sensaciones de todo lo conocido. Durante ese proceso es preciso romper todas las reglas que limiten su percepción de los fenómenos, pero ésta debe ser una ruptura consciente y deliberada.
Es cierto que ha habido muchos casos de magníficos autores atormentados, neuróticos, locos. El trabajo creativo violenta el funcionamiento del cerebro, lo sobreexcita, lo fuerza a trabajar más y a mayor profundidad que el de un trabajador manual. Por eso hay muchos casos de artistas que sufren distintos desórdenes mentales temporales, pero no significa que sean locos. Esta pregunta es una locura. Pero ya que he arriesgado una respuesta hasta aquí te diré que es cierto que se han escrito grandes obras a pesar de la neurosis y ninguna gracias a ella. De modo que no creo que la literatura salve.
Ambos, literatura y sexo, están concebidos para el
goce y eso los emparenta en algún punto.
R.M.: ¿Qué relaciones encuentra entre escritura, sexo y placer?

J.C.: Todos los días se demuestra que tanto escribir como leer producen placer; mientras que la relación entre placer y sexo es más que evidente y constituye el elemento fundamental para la supervivencia de la raza humana. Así sería fácil vincular escritura y sexo. Pero, ¿podemos afirmar que es el mismo tipo de placer? No lo es, pero el asunto se complica porque las reacciones físicas pueden tener alguna similitud. Sí, se parecen. ¿Tendrán alguna relación? Vamos, tampoco habrá que exagerar. Dar a cierta escritura o lectura categoría de orgásmica, debe entenderse como una interpretación poética y no por ser dos actos cuyas reacciones físicas se asemejan, van a ser parte de un mismo género de sensaciones. No obstante, ambos, literatura y sexo, están concebidos para el goce y eso los emparenta en algún punto. Pero queda más por decir sobre el tema. Cuando en una obra literaria se describe un acto amatorio, puede que la lectura provoque estremecimientos que van más allá de lo puramente estético. Cabría preguntar: ¿A algunos nos ha ocurrido aunque no nos atrevamos a confesarlo?

No hay invento mayor que la palabra dicha y escrita.
R.M.: La rapidez del cinematógrafo y de la internet… ¿cómo vincula este mundo de imágenes con la literatura? ¿Hay una crisis de la palabra?

J.C.: Se habla de inventos, de adelantos, de ingeniosos aparatos, pero ninguno se puede comparar en uso y en utilidad con la creación del lenguaje y el sistema de signos y sonidos que sirven para comunicar a los seres humanos. No hay invento mayor que la palabra dicha y escrita. Internet es un soporte electrónico, pero la comunicación se produce mediante la palabra. La fotografía, el cinematógrafo y posteriormente el video y las imágenes transmitidas por Internet, han revolucionado el soporte en que se expresaba el mundo de las imágenes, fijas o en movimiento, y esto incluye el teatro y la danza. Pero la palabra no ha sido ni será afectada, porque no hay imagen que no pueda ser descrita mediante palabras, no hay hecho o emoción que no pueda ser atrapado en una página y transmitido a través de ese antiquísimo lenguaje de signos.
Pero, hablando de Internet y de crisis. A pocas personas en el mundo se les ocurriría colocarse en contra de unos medios que han democratizado la información y han dinamitado el monopolio de cualquier género de verdades. Sin embargo, lo que habría que denunciar es que Internet, si bien no ha producido una crisis de la palabra, sí ha dado lugar a una crisis “en” la palabra. Es vergonzoso cómo este medio, con su vocación de borrar distancias y barreras en la comunicación, permite, como efecto colateral, la proliferación de un paupérrimo uso de la ortografía y la gramática. Y lo peor es que se ha extendido de tal manera el mal uso del lenguaje escrito que sólo mencionarlo suena a pedantería. Creo que, aunque parezcamos pedantes, debemos hablar de esto y, de ser posible, pedirle a los cibernautas que cuiden la manera en que escriben para que un día... Pero no… ese es un sueño demasiado hermoso para que algún día se vuelva real.
Fuera del juego
Creo que nos corresponde cagarnos en Fidel y todo lo que ha deshecho,
pero hacerlo a través de obras bien facturadas a nivel literario.
R.M.: Parto del criterio de que toda escritura es subversiva pero ¿podría ahondar en este concepto y en la relación de escritura y poder bajo regímenes totalitarios?

J.C.: Estoy totalmente de acuerdo con que la literatura es subversiva, aunque no diría que “toda”, porque como dice el refrán “el papel aguanta lo que le pongan” y sabemos que hay escritores, cantautores y artistas en general que escapan de esta clasificación; incluso, cuando en algún momento fueran de los más rebeldes. Pero sí, ya lo creo que la literatura es, y debe ser, subversiva. Aunque no es justo que siempre se hable de ese término en cuanto a subvertir los preceptos políticos, si está demostrado, como diría Augusto Monterroso, que los escritores nos dedicamos a poner en tela de juicio los valores morales del ser humano y no los de los gobiernos, pero los gobernantes son tan egocéntricos que creen que siempre nos estamos refiriendo a ellos, como si fueran los seres más importantes del mundo y los otros no tuvieran derecho ni a tener defectos.
Pero siendo yo cubano y escritor, me imagino por donde viene esa pregunta. Toda la literatura que se ha hecho en Cuba en los últimos tiempos, la honesta, tiene como principal ingrediente la posibilidad de subvertir los valores de un régimen cuyo ideario hace aguas por todas partes. Y de alguna manera uno se siente compulsado, como escritor, a señalar las oquedades de un sistema político fracasado hace mucho tiempo; que ha hecho las cosas demasiado mal para merecer estar en el poder. Sin embargo, esta necesidad de denuncia política, que la historia nos ha puesto delante y que no debemos soslayar, tiene que conjugarse con una muy cuidadosa vocación por trabajarla bien y no dejarnos llevar por el “reclamo de la historia” poniéndonos a escribir literatura urgente en detrimento de la calidad. Creo que nos corresponde cagarnos en Fidel y todo lo que ha deshecho, pero hacerlo a través de obras bien facturadas a nivel literario.

Sin lengua
El hecho de no tener muchas veces con quién conversar,
hizo que me aplicara mucho más a escribir,
lo cual a la larga ha sido positivo.
R.M.: Al llegar a Canadá donde las lenguas principales son inglés y francés: ¿cómo enfrentó el hecho de haberse quedado “sin lengua”?

J.C.: Para mí llegar a Canadá tuvo varios aspectos positivos. El supermercado estaba a la vuelta de la esquina y, aunque muchos se empeñen en negarlo, es importante comer bien y sin preocupaciones para crear. Pero, además, el cambio de país y de lengua trajo consigo que, como no encontraba la respuesta a todas las preguntas, pues me las respondía a mí mismo. Claro, que no siempre eran respuestas exactas. En muchas ocasiones tuve que usar la imaginación y me creé una ficción para explicarme algo que antes no conocía. Pero, ¿quién ha dicho que para vivir hay que tener todas las respuestas? ¿No es más poético alimentarse de fantasías? Por otra parte, el hecho de no tener muchas veces con quién conversar, hizo que me aplicara mucho más a escribir, lo cual a la larga ha sido positivo.
Pero el problema con mi llegada a Canadá va más allá; y es que primero tuve que aprender francés y vivir en ese idioma; pero hace apenas dos años me moví de una ciudad a otra y estoy volviendo a comenzar, esta vez en inglés. En fin, problemas del emigrante.

el exilio es para el destierro lo que es el suicidio para la muerte;
o sea, que en ambos casos tienen la condición de ser voluntarios
pero igual de inmolantes.
R.M.: ¿Cómo define el “exilio” un escritor, es decir, una persona acostumbrada a vivir diferentes exilios e inxilios, incluso, en su propia tierra?

J.C.: Para mí la palabra “exilio” es un sinónimo amable de “destierro”. Además, se supone que el exilio es para el destierro lo que es el suicidio para la muerte; o sea, que en ambos casos tienen la condición de ser voluntarios pero igual de inmolantes. Por supuesto, que para un escritor irse a otro país es separarse de sus lectores, eso lo tienen muy bien calculados los dictadores, y esa separación es, por naturaleza, terreno árido para la creación. El inxilio es diferente en tanto es la separación o el silencio literario sin que medie la distancia geográfica. En mi caso particular, por supuesto que pasé por un largo inxilio, no siempre y exclusivamente por razones políticas, aunque ellas siempre sirvieran de pretexto. Sin embargo, lo curioso es que mi exilio no comenzó el día que salí de Cuba, sino el día que dije que no me daba la gana de defender a un gobierno, pensando que estaba defendiendo a mi país.
No hay que aguzar demasiado la vista para ver que la misión de España
en la Unión Europea es recuperar a América Latina como mercado,
volver a ser la Madre Patria, y convertirnos en euro-dependientes.
R.M.: ¿Cuáles son los síntomas y gestiones de la literatura hispanoamericana (y cubana, claro) en el Siglo XXI?

J.C.: Obviamente, el boom de la novela latinoamericana ya pasó y creo que la narrativa de este continente está reorientándose y andando a tientas en diversos temas y formas, pero en este justo instante ya no se considera la novela latina a la altura de las últimas décadas del pasado siglo. Pero esto no sólo tiene su razón y resonancia en lo puramente cultural. También la integración de Europa en una comunidad económica, a la cual pertenece España, está influyendo. No hay que aguzar demasiado la vista para ver que la misión de España en la Unión Europea es recuperar a América Latina como mercado, volver a ser la Madre Patria, y convertirnos en euro-dependientes. Las grandes editoriales españolas han tomado por asalto el mercado de todos los países de habla hispana y a través de ellas es que salen a la luz las obras de los autores de cada país. De manera que es desde las editoriales españolas que se está dictando en estos momentos los cánones de qué se publica y, por tanto, qué se lee en nuestra lengua. A los escritores cubanos no nos queda otra alternativa que publicar en alguno de estos países y eso ha hecho que muy buenas obras cubanas se vean condenadas a la gaveta cuando los editores de las sucursales tratan de hacer un balance entre los nacionales y los cubanos que se publican.
Antes de terminar
Creo que el desafío de los escritores de esta literatura es encontrar
nuevos temas que se vinculen con la problemática particular del mundo gay
y escribir sobre esos temas, porque hacer literatura en la cual los personajes son homosexuales no constituye una literatura homo-erótica.
R.M.: Una definición para el concepto literatura homo-erótica…

J.C.: Creo que esta literatura nos coloca ante una condición humana que antes, por ser un tema tabú en la sociedad occidental, nos llevaba a comportarnos con recelo y hasta con rechazo ante seres humanos que pueden ser magníficas personas. Si hemos sido capaces de hacer que nuestra mente evolucione en otros aspectos, es imposible no entender que esa orientación sexual es tan natural como las otras ya conocidas y aceptadas. Claro, tampoco nos caigamos de culo en el extremo opuesto y pretendamos que alguien porque sea gay es automáticamente buena persona; que hay de todo en todas partes. Yo, por ejemplo, tengo varios homosexuales entre mis mejores amigos, y tengo otro que es intrigante. Pero ya comprendí que el intrigante lo es no porque sea gay, sino con independencia de ello. ¿Nadie conoce un heterosexual intrigante?
Hasta ahí hablé de la orientación sexual. Ahora hablemos de la literatura homo-erótica. El problema técnico de este tipo de literatura es que “ser gay” no es un tema como tal. La discriminación, por ejemplo, sí lo es. De manera que si uno lee una novela en la cual se discrimina a una persona por ser gay, estará leyendo una novela sobre la discriminación. Creo que el desafío de los escritores de esta literatura es encontrar nuevos temas que se vinculen con la problemática particular del mundo gay y escribir sobre esos temas, porque hacer literatura en la cual los personajes son homosexuales no constituye una literatura homo-erótica. Puede que con esta respuesta me busque un tremendo lío y me empiecen a acusar de homofóbico. Nada de eso. Sólo habría que comprender que se trata de un asunto técnico.

Una ley que obligara a los ciudadanos a leer so pena de muerte.
R.M.: ¿Una pregunta que siempre le haya martillado…? ¿Una posible respuesta para la misma?

J.C.: La pregunta que más me ha martillado durante los últimos años es: ¿Cuál es el problema fundamental del escritor en nuestros días?
La respuesta es evidente: Nuestro más grave problema es conseguir lectores. El escritor trabaja para ser leído, pero en nuestros días es muy difícil que alguien nos lea. Hace menos de un siglo, el plagio era una de las preocupaciones de los autores. Hoy no. Haga la prueba: Deje, como por descuido, ejemplares de su más preciado manuscrito en todos los Cafés de su ciudad y puede estar seguro de que al final del día todos irán a parar a la basura sin que un sólo ser se haya molestado en abrirlo siquiera. Tengo amigos a los que les he dado una obra mía y un año después me han confesado que aun no han tenido tiempo de leerla. He visto ofrecerle literatura, original y bien escrita, al editor principal de una revista; y el hombre la ha rechazado porque no tiene tiempo de leer todo lo que le envían. Si los escritores fuéramos un sindicato deberíamos defender la implantación de una ley que obligara a los ciudadanos a leer so pena de muerte. Así, tal vez, podríamos vivir de lo que escribimos.

Un creador lleno de propuestas
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5 comments:

Félix Luis Viera said...

Muy buenas todas las respuestas, ilustradoras, enseñan mucho. Discrepo un poco en cuanto a lo de "inspiración", si bien el autor aclara que no es algo esotérico ni del más allá. Son meridianas en mi opinión las respuestas sobre el carácter subversivo de la literatura y sobre la soledad, la neurosis, y mucho más.
Felicidades a la entrevistadora y al entrevistado.
Félix Luis Viera

mao mora thalansy said...
This comment has been removed by the author.
Jorge Alejandro Camacho said...

Ingenio y agudeza, esas han sido dos virtudes tradicionales en Jorge Carrigan. Ambas están presentes en esta entrevista y sobre todo en "Bailar con la mas fea", una novela que resulta muy interesante. Seguramente muchos discreparemos de algunas de sus afirmaciones o tendremos algo que agregar y esto es una virtud de la entrevista, de la del autor y del autor: motivar opiniones, participacion.

Anonymous said...

Magnífica lectura. Tanto esta entrevista como la novela Bailar con la más fea. Felicito a Rita Martín por haber seleccionada este autor, él que nos deja a través de la entrevista con gusto a poco. Esto es bueno porque el lector queda enganchado en que averiguar más de la obra de Carrigan y sus pensamientos particularmente referente a que significa escribir y ser escritor

Antonio Guerra said...

Las respuestas de Carrigan nos llegan como frescazos en un mundo cautivado por el estereotipo. No hay frases hechas, mas bien una austeridad cartuja que delata el oficio de quien ya ha bailado con la mas fea.

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