7.28.2012

MADELINE CAMARA: HABLEMOS DE NUEVO SOBRE EL ESPÍRITU KARAMAZOV





Ya no hay tiempo para hojear las páginas del periódico y el café de la mañana lo tomamos muchas veces camino del trabajo Muchos comenzamos el día con esa ventanita al mundo que aparece en nuestras computadoras con las noticias que nos llegan por las redes virtuales; otros las reciben en sus teléfonos multiusos, tanto, que parecen apéndices humanos, cada vez más ágiles y serviciales.
   Así las cosas, sería casi un milagro que estas páginas lleguen a la letra impresa o tan siquiera a  ser leídas. Pero escribo para un imaginario lector/a quien como yo ha reparado, entre la selva noticiosa, en la nota reproducida el día 20 de julio del presente año por Yahoo donde The Associate Press nos informa desde Moscú sobre la  detención de tres jóvenes rusas, integrantes del grupo musical “Pussy Riot”, acusadas de holiganismo y desecración religiosa. Sus actos, cantar una oración punk: Madre María, llévate lejos a Putin”, doble sacrilegio pues se trataba de retar al presidente del país, y porque el performance se hizo en el espacio sacro del altar de la Catedral de Cristo El Salvador --la más importante de la Iglesia Ortodoxa rusa-- que comenzó a construirse en 1839, cuando en ese inmenso país se leía con fervor, y a veces contra la censura, la obra de Fyodor Dostoievski.
   Nadezhda Tolokónnikova, de 23 años; María Aliójina, con 24 y Ekaterina Samutsévich, de 29, según reportan otros medios de difusión --The Independent y The ABC News, en Inglaterra; El País, en España y el Washington Post, en Estados Unidos-- deberán guardar prisión en una cárcel de Moscú por un período de seis meses hasta poder tener un día de juicio en enero 12 del 2013.
   La condena pedida es de siete años y según Kommersant, diario moscovita, el país está dividido en cuanto a la decisión; un 50 % entiende que no debería celebrase un juicio criminal contra ellas y un 36 % vota porque se les encause. Entre tanto la intelligentzia rusa, creyente y no creyente, firma cartas de apoyo para que se les libere; la Iglesia no levanta sus cargos de “blasfemia”; los blogueros escriben que “ellas no saben lo que hacen”, que solo son gamberras en busca de publicidad; y el propio presidente declara: “Si violaron la ley, yo presento mis excusas a los sacerdotes y a los creyentes”,  desinteresándose del asunto porque en realidad tiene el plato muy lleno conteniendo las justas sanciones que la ONU trata de imponer al dictador de Siria. Como es sabido entre ellos se apañan.
   Lo cierto es que no es la primera vez que Vladímir Putin oye del sonido y la furia de jóvenes rockeras y feministas. En enero de este año, cuando parecía inevitable su reelección --luego del período de presidencia tras bambalinas que se permitió con la complicidad de Medvedev, en una jugada muy acorde a las nuevas democracias post comunistas-- la Plaza Roja de Moscú vibró con las canciones del grupo “Pussy Riot” que pedían hacer del lugar un nuevo Tahir, en alusión a la revolución egipcia que estremecía al mundo. No fue la única vez que Putin tuvo que oír y ver a mujeres dispuestas a todo por ser escuchadas, pues un grupo de ellas, al desnudo, pararon a protestar en una estación de votos para su reelección.
   En Ucrania, otro movimiento feminista autollamado FEMEN --fundado en 2008 por la economista y experta en teatro Anna Hutsol-- se ha presentado en públicomás de una vez luciendo sus pechos como única arma para llamar la atención desus denuncias. Para Hutsol, estas manifestaciones van más allá de la política y la religión.
   Quizás no deba excusarme, pero no espere el lector que en la siguiente página trataré de discutir estas formas de protesta --solo anoto que el desnudarse tiene vieja tradición en el mundo del pacifismo y no es únicamente asunto de mujeres ni de europeas --ni comparar las manifestaciones punk con el nihilismo-- aunque aire de familia sí que tienen-- o plantearme que bajo la sombrilla del feminismo puede englobarse el análisis de la compleja pugna política que trae consigo la multiculturalidad de la región que primero llamábamos Rusia, luego URSS y hoy es un conglomerado de repúblicas luchando por su desarrollo independiente y por mantener sus identidades.
   No es la primera vez que mujeres rusas enfrentan a los dos grandes poderes que se han mantenido unidos con objetivos imperiales --me refiero a la política y la Iglesia--; el nefasto período del estalinismo suprimió al segundo, pues tenía el férreo control sobre la economía, la ideología y el ejército, y la iglesia se cerró sobre sus inciensos. Pero ahora corren otros aires.
   Fue precisamente en la gran Catedral de Cristo el Salvador --centro de la Iglesia Ortodoxa Rusa, cuya original fue destruida por Stalin y reconstruida fielmente en 1994-- donde se cometieron los sacrílegos actos de las rockeras; la misma iglesia donde una misa pascual recibió a 5000 invitados oficiales, al presidente y su doble --perdón, quise decir Medvedev-- y a las respectivas esposas. Es de esperar entonces que la herejía se castigue.
   No deberíamos olvidar tan rápido, así fue antes. En la convulsa segunda década del siglo XIX, en la Rusia de los zares, que también fueron castigadas de diferente forma otras mujeres de nombres más tradicionales. Recuérdese que Vera es “Ver”, en ruso, y “Sofía” sabiduría, en griego. Ellas fueron: Vera Nikolayevna Figner, eminente médica llamada por su belleza “la Venus de la Revolución”, miembro del grupo que asesinó al zar Alexander II y condenada a 20 años en Siberia, autora de Memorias de una revolucionaria; Vera Ivanova Zassoulitich, quien atentó contra la vida del gobernador de Moscú, pero fue perdonada porque que “actuaba solo por venganza personal”. Afortunadamente se le dejó con vida para seguir sus estudios de marxismo y convertirse en una importante figura política,  periodista admirada por Trotsky. Por último, y por mantener la comparación sobre el emblemático número tres, traigo a colación la figura de la más importante matemática rusa, Sofía Kovalevskaya, quien se casó por conveniencia para seguir sus estudios fuera del país y lograr un puesto de catedrática, algo que solo obtuvo en Suecia. Su obligada doble vida como esposa y ardiente mujer de ideales liberales se ha reditado en el libro Una nihilista, joya, entre otras de la literatura eslava, que la editorial independiente gallega Maldoror publicó en 2004.
   No  casualmente  el  escritor  que  mejor simbolizó aquello que antes llamábamos el “alma rusa” --Fyodor Dostoievski-- conoció a las tres; se dice que fue novio de la hermana de Sofía Kovalevskaya y que ésta estuvo secretamente enamorada de él a los trece años de edad. Se sabe, por cartas que cita la documentada biografía del autor hecha por Leonide Grasaman, que Dostoievski asistió al juicio celebrado a Vera Za Soulitich y escribió en su famoso diario “ella buscaba la verdad…”.
   La participación de la otra Vera, la Figner, en el primer atentado contra el zar Alexander I y el juicio contra los que lo intentaron --que Dostoievski siguió de cerca-- nos hace pensar que conocía su pensamiento o al menos sus acciones, aunque no creo que Dostoievski hubiera aprobado, de haber vivido entonces, la defensa que esta bakunista hizo del asesinato en nombre del pueblo, ya en 1881; desde luego, no quien concibiese una novela como Crimen y Castigo.
   El autor que escribiera Demonios --la más compleja de sus representaciones sobre el nihilismo ruso-- el hombre al que la revolución rusa no podía erigir en pedestal pues todo él era una revuelta, como diría espantado Tolstoi, no era tampoco un buen ejemplo para Gorki, quien en artículo con el mismo título que el que hoy usamos, dirigía a la juventud rusa hacia obras más edificantes como Padres e Hijos, de Turgueniev.
   Sin embargo, Dostoievski no usó o no quiso usar la figura de la mujer rusa nihilista en las escasas representaciones femeninas rebeldes en sus obras. Los ecos de estas figuras históricas aparecen en sus creaciones masculinas, en personajes-tesis como Raskolnikof o Kirilov. Sus mujeres fuertes encarnan otros prototipos: Polina Suslova, la jugadora; la pasional Grushenka de Los hermanos Karamazov o la calculadora Nastasia Filipovna, entre otras menos conocidas. Creo que reservaba una más completa imagen de lo femenino para representar a Rusia misma como utopía, algo que le resultaba indecible dentro del lenguaje del realismo que llevó a sus extremos. Pero todo esto es algo que aún está por estudiar.
   De acuerdo. Proponernos leer esta noticia de tres jóvenes rockeras encerradas en espera de un juicio anunciado --convenido entre el renovado poder de la iglesia ortodoxa rusa y el restablecido reino de Putin, y bajo amenaza por los pecados mortales de la canción protesta y el desnudo femenino-- desde una mirada fugaz hacia la participación femenina en la historia del país y la perspectiva dostoievskiana, es solo un acto de voluntarismo periodístico cometido en un sábado lluvioso en la Florida. Sin embargo no he querido dejar pasar, sin compartirla, esa visión que he tenido de aquellas mujeres rusas de final de un siglo --cerradas de ocre y negro y de miradas retadoras-- y de éstas al principio de otro, vestidas con chillones colores y sonrisa burlona que nos hacen un guiño desde yahoo y quizás esperan por nosotros pues varias campañas mundiales se han sumado a su liberación.
   Algunos hechos tienen su intrahistoria. Detrás de ellos hay una puerta; si nos disponemos a abrirla, habremos de encontrar una y otra vez testigos, testimonios: “No todo está permitido”, repiten ellas con sus cuerpos, con sus voces y con sus textos, a los viejos y a los nuevos poderes.


Enlaces relacionados:

Human Rights in Russia

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MADELINE CAMARA. Teórica, crítica literaria y periodista. Se desempeña como profesora de  literatura latinoamericana en la Universidad del Sur de la Florida (University of South Florida). Con un doctorado del SUNY en Stony Brook, Madeline Cámara ha recibido las importantes becas Rockefeller y Fullbright. Entre sus libros publicados sobresalen: Cuban Women Writers: Imagining a Matria (NY: Palgrave, 2008), La memoria hechizada (Barcelona: Icaria, 2002), La letra rebelde: estudios de escritoras cubanas (Miami:Universal, 2002), Cuba: the Elusive Nation (Gainsville, Florida UP, 2000),Vocación de Casandra (NY: Peter Lang: 2000) y Cuentos cubanos contemporáneos (Xalapa: Editorial Veracruzana, 1997).

1 comment:

poetahabanero said...

Excelente articulo de la doctora Camara. Como de costumbre, estimulando el pensamiento critico del lector. Gracias por publicarlo.

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