1.09.2013

LINA DE FERIA: FÉLIX HANGELINI, UN POETA MAYOR



Cuando Julio Cortázar afirma: “Extremos puntos de tensión de un arco de raíz ceden lo mejor de su fuerza son los tres enigmas previos que harán del lector de Lezama un Edipo perpetuo”, aventura el escritor argentino clavar la flecha en la diana de un aserto indiscutible.
Félix Hangelini (nombre poético del Dr. Félix Ernesto Chávez) obtiene el Premio de la Academia Castellano-Leonesa de la poesía en el 2005 con su libro La devastación, la imaginación de la bestia. Hangelini, poeta de origen cubano, vivía en España para esa fecha y, sin desvincularse de la Isla, había comenzado una rauda carrera que se caracterizaba por su multiplicidad de géneros, pero en la que descollaba la poesía.
Un trágico accidente le quitaría la vida muy pronto. Lo asesinaron en México para robarle. El muchacho espléndido desaparecería de la existencia con un signo délfico. Pero no obstante, en estos mismos momentos, se le realizan muchos homenajes en universidades y centros culturales de todo el mundo, por lo que su obra ya engrosa un mérito cualitativo que roza la frontera de la genialidad.
La devastación, la imaginación de la bestia, se proclama un libro mayor, en lo que de laberíntico y poseedor de meandros tiene para estructurar los versos, de velocidades tácitas, y con componentes sabiamente originales.
La reminiscencia parece advertir su gruesa memoria: “El hijo pródigo sueña con volver/ a su vieja casa de Porvenir/  a su casa, no a la Quinta invadida de turistas) y aguarda paciente/ al hijo del otro...”.
Lo contrapuesto parece una alternancia de su habilidad poética ya que subyace la realidad de los opuestos: “no supe pronunciar/ esas palabras cíclicas de pasto y fuego…”. Poesía nunca enajenada toma lo proverbial de la verdad humana para desacralizar los mitos falsos. Y se da a la creación de nuevos mitos que impelen a abrir la imaginación hasta el concepto animal de “bestia”.
El raro espécimen está escribiendo una poética diferente porque su razonamiento, ágil, singular, descataloguizador, se inspira en tomar hijos de la sabiduría y el verso fluye amplio y cerrado a la vez para centrar una fórmula novedosa que lo particulariza y lo renueva.
Hangelini, que también tenía el don del ensayo, no es nunca discursivo en su poética. El numen es concreto no abstracto, y se perfilan un sinnúmero de imágenes visionarias que concatenan asociaciones en las que lo esencial cultural, va a ser referencia obligada.
Se trata de un poeta inteligente, que permeado por una extrema sensibilidad, crea mundos que no son paralelos a nada, sino que creación pura, ubican su nombre en la breve estela de una estrella fugaz que cruzando por el cielo estrellado dejó su impronta para siempre.
Cuando Félix escribe: “vísceras abiertas por el suelo/ algo en la palabra vitalidad/ deja un latido en la orquesta demorada”, se ve el entrecejo de cierta ironía con la que Hangelini cifraba todo.
Lo angélico le era dado por el Apocalipsis. Frases encontradas, imaginación multicelular, tristeza y agonía, parecían predecir la sucesión de abismos que tuvo que atravesar.
Es por eso que, a pocos meses de su muerte, es justo hacerle en su país un recordatorio, porque como él mismo previó cuando dijo: “puede morir de luz, puede morir”, su obra ya sólida e innegable, nos permitirá concebir la vida mejor, desde el salto de la cascada al espacio de la caída.

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Más de Lina de Feria en Grafoscopio:

Enlaces a Félix Hangelini:
Bitácora El bosque escrito (Primera Época)
La devastación: la imaginación de la bestia
Libros de Félix Hangelini:
La construcción de las olas (ensayo) (2003)
La imaginación de la bestia (poemario) (2006)
Restauración de la luz (poemario) (2007)

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